(Recorte del
diario ABC, de Madrid)
Por I. Gallego
Aunque resulte paradójico, el fracaso escolar puede
ser consecuencia de una elevada inteligencia. Así se desprende de las estadísticas. En
España, alrededor del 2 por ciento de la población escolar es superdotada. Es decir, en
cada clase, al menos un niño tiene un coeficiente intelectual por encima de los 130
puntos. Sin embargo, el 66 por ciento de éstos tiene un bajo rendimiento escolar que la
mayoría de las veces desemboca en fracaso.
A los tres años, Iván hacía perfectamente su cama
y le ponía el desayuno a sus padres, pero jugaba solo en el colegio. A los siete,
dividía, multiplicaba y sacaba decimales de cabeza, mientras sus amigos jugaban al
fútbol o al baloncesto. El pasado mes de mayo, su madre, aconsejada por varios
psicólogos, le inscribió en clases de ajedrez. Quince días después ganaba su primer
torneo. Ahora, a los ocho años se prepara para competir en el campeonato de Toledo
mientras estudia Tercero y Cuarto de Primaria en un centro concertado de Talavera de la
Reina.
Sus padres comenzaron a preocuparse cuando vieron
que Iván perdía el hábito de estudio, se aburría y no se relacionaba con el resto de
los niños de su edad. «Era muy inteligente, por eso no entendíamos que no fuera
expresivo o que se aburriera», explica su madre, María Teresa Iglesias. «Pero, lo que
en principio fue un motivo de satisfacción, se convirtió en una pesadilla por la falta
de atención que existe para estos niños. Hay recursos para los niños con deficiencias,
pero muy pocos para los superdotados».
Iván, que tiene un coeficiente intelectual de 160
puntos es un claro ejemplo de niño superdotado: no les gustan los deportes de mayorías;
sus aficiones preferidas son la lectura, el dibujo o hacer puzzles; se relacionan mejor
con niños más pequeños o más mayores; suelen ser desobedientes, vulnerables al fracaso
y al rechazo de sus compañeros.
La Organización Mundial de la Salud considera
superdotada a aquella persona con un coeficiente intelectual por encima de los 130 puntos.
En España, se calcula que alrededor del 2 por ciento de la población escolar es
superdotada, lo que significa que uno de cada 25 niños puede serlo. Es decir, en cada
clase puede haber al menos uno de estos alumnos. Sin embargo, a pesar de su inteligencia,
el 66 por ciento de los superdotados tiene un bajo rendimiento escolar, que, en muchos
casos, llega incluso al fracaso, según datos de los últimos estudios internacionales.
«Este porcentaje tan elevado se debe a que en las
clases ordinarias, se aburren al no disponer de los recursos técnicos y materiales
necesarios para desarrollar sus capacidades», explica el presidente de la Asociación
Española de Superdotados y con Talento (AEST), Esteban Sánchez. El fracaso escolar
radica también en el hecho de que no cuentan con profesores preparados, así como la
inexistencia de tareas apropiadas donde poder demostrar sus habilidades. La desmotivación
ante los trabajos, el aburrimiento y las escasas posibilidades para desarrollar su
creatividad hacen que en muchas ocasiones el profesor califique al niño de «poco
brillante».
«Es lógico pensar que todos los niños
superdotados, desde que entran en la escuela presenten un bajo rendimiento escolar, ya que
la enseñanza no se ajusta a su nivel de aprendizaje», explica la directora del centro
«Huerta del Rey», Yolanda Benito, en un extenso informe publicado por este centro. Un
claro ejemplo es la contestación que un niño de 5 años daba a sus compañeros:
«Vosotros empezar a hacer los deberes que yo os pillo».
Preguntas y respuestas inteligentes
Aunque la superdotación no puede detectarse antes
de los cinco años, hay síntomas que pueden alertar a los padres cuando el niño es menor
de esa edad. Por ejemplo, la capacidad del pequeño para resolver los problemas por
procedimientos distintos a los utilizados por otros niños, respuestas impropias de su
edad o una inusitada impaciencia por recopilar información. Estos son algunos ejemplos
recogidos por Yolanda Benito, especialista en estos casos:
¿Cómo sabe la gente el camino para ir al
Cielo cuando se muere, si no se sabe antes de morirse? (2 años y medio).
¿De qué está hecho un libro? De cerebro (2
años).
¿Para qué sirven los senadores y diputados?
Para que nosotros no tengamos que preocuparnos de hacer la política (6 años).
¿Para qué se mete a los malos en la
cárcel? Para que no hagan daño a los buenos. (4 años y dos meses).
¿La sangre va muy deprisa? (3 años).
¿Dónde está el papá de la abuela? (2
años y dos meses).
¿Dónde van las palomitas cuando me
las como? (2 años y dos meses).
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