BARCELONA.- La mitad de las personas que padecen migraña nunca ha acudido
a su médico por este trastorno. Dan por supuesto equivocadamente que no tiene tratamiento
o que hay que combatirlo como un dolor de cabeza cualquiera, y cuando se presenta un
episodio migrañoso recurren a una automedicación desordenada. Esta actitud conformista,
que a menudo también se da en los médicos, no se corresponde ni con la gravedad de un
trastorno crónico y a menudo incapacitante ni con la actual disponibilidad de
medicamentos eficaces, pero refleja una situación general de desconocimiento.
Con la publicación el pasado año del libro blanco La jaqueca en España,
elaborado a partir de encuestas a neurólogos, médicos de familia y pacientes, se puso de
relieve la poca importancia que siguen concediendo los médicos a este trastorno, por
considerarlo banal y de poca gravedad. Y eso a pesar de que la migraña afecta de un 12% a
un 15% de la población española (unos cinco o seis millones de personas, principalmente
mujeres en edad fértil) y ocasiona un importante ausentismo laboral.
Hace unas semanas ha visto la luz el informe de un grupo de expertos sobre
la situación de la migraña en Francia y, en la misma línea apuntada en el libro blanco
español, se subraya que la jaqueca sigue siendo "una afección infradiagnosticada,
que no se toma en serio, mal tratada y poco enseñada en las facultades de medicina".
Entre las conclusiones de este informe, realizado por un total de 19
expertos convocados por el Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica
(Inserm), y del que se hace eco el Journal of the American Medical Association (JAMA) del
pasado miércoles, se destaca la necesidad de informar a los pacientes de que la migraña
puede ser controlada en la mayoría de los casos. Para ello existe una variada gama de
fármacos, ampliada y reforzada con la reciente aparición de nuevos medicamentos
antimigrañosos.
Los
triptanes
La gran novedad terapéutica en el tratamiento de la jaqueca la representa
la familia farmacológica de los triptanes. Estas sustancias, que actúan sobre los
receptores de un neurotransmisor cerebral (la serotonina), han demostrado en diferentes
estudios su eficacia contra el dolor de cabeza de las crisis de migraña. Tras la
introducción hace unos años del primer representante de este grupo de fármacos, el
sumatriptán, en el año 1998 aparecieron en el mercado español otras dos sustancias de
una segunda generación: el zolmitriptan y el naratriptán.
Pero los triptanes han venido a complementar, y no a sustituir, a las
otras tres grandes clases de medicamentos utilizados en el tratamiento de la migraña: los
analgésicos (básicamente, aspirina y paracetamol), los antiinflamatorios no esteroideos
y los derivados de la ergotamina, además de otros fármacos muy diversos empleados en el
tratamiento de fondo de la jaqueca. El objetivo terapéutico que se persigue en todo caso
es espaciar las crisis y hacer que sean menos intensas.
Aunque no existe un tratamiento estándar aplicable a todas las personas
que sufren jaqueca, con la correcta utilización de todos los recursos terapéuticos
disponibles se llega a disminuir la cefalea migrañosa hasta en un 80% de los casos. Sin
embargo, su desaparición rápida y total sólo se consigue en cuatro de cada diez
pacientes. En los tres restantes, sin embargo, se puede amortiguar el impacto de las
crisis y mejorar sustancialmente la calidad de vida de los pacientes. El problema radica,
muchas veces, en acertar el tratamiento idóneo para cada paciente, dada la gran
variabilidad de este trastorno.
"Queda mucho por hacer con la migraña. Sin duda, hay que
diagnosticarla más y tratarla mejor, pero también es importante difundir que actualmente
es posible tratarla eficazmente", afirma Miguel Balcells, neurólogo del Grupo de
Estudio de Migraña y Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología y coautor del libro
blanco sobre la jaqueca en España.
Factores
desencadenantes
Sin embargo, en ningún caso cabe hablar de tratamiento curativo o
definitivo, porque se desconoce la causa de la enfermedad. Otra cosa es, según Balcells,
que la migraña sea "una de las pocas enfermedades que curan con los años, pues
después de la menopausia puede desaparecer hasta en un 70% de los casos". Aunque en
los últimos años también ha habido avances, hoy por hoy sigue sin saberse a ciencia
cierta por qué unas personas sufren jaquecas y otras no.
Uno de los aspectos que resaltan los expertos es la confusión reinante
entre los factores desencadenantes de una crisis migrañosa y la causa de la enfermedad.
Esta confusión alimenta la idea de que controlando los factores desencadenantes se puede
eliminar la enfermedad, lo que conduce a muchos migrañosos a la frustración al no
conseguirlo.
Los factores involucrados son numerosos: ansiedad, estrés, fatiga, calor,
luminosidad, ciertos alimentos (chocolate, queso, frutos secos...), cambios atmosféricos,
falta de sueño, exceso de sueño, etc. Algunos pueden ser controlados, pero otros no. Y
además, a veces las crisis se presentan sin razón aparente.
En otra conclusión del grupo de expertos se insiste en la inutilidad, en
la inmensa mayoría de los casos, de los exámenes complementarios (escáner, resonancia
magnética nuclear, electroencefalograma, etcétera) para el diagnóstico de la migraña.
"El diagnóstico debe hacerse a través de la anamnesis, es decir, el interrogatorio
clínico", corrobora Miguel Balcells.
Mucho
más que un dolor de cabeza
Por su intensidad y duración (de 4 a 72 horas), por la variedad de
síntomas acompañantes (vómitos, fotofobia, náuseas, visión doble, etcétera), por la
presencia de factores desencadenantes (menstruación, cambios atmosféricos, algunos
alimentos, etcétera) y por la incapacidad que provoca, la migraña es mucho más que un
dolor de cabeza.
"Cuando vi a mi primer paciente afectado de migraña, pensé que este
trastorno era ni más ni menos que un tipo más de dolor de cabeza. A medida que visitaba
más pacientes, se me hizo notorio que el dolor de cabeza no era en ningún caso el único
rasgo de la migraña, y más tarde comprendí que ni siquiera era un rasgo necesario en
todas las migrañas", dice muy ilustrativamente en el prólogo de su libro Migraña
el neurólogo y escritor británico Oliver Sacks. Ciertamente, ni todos los dolores de
cabeza fuertes son jaquecas ni todas las jaquecas cursan con dolor de cabeza.
La palabra migraña remite etimológicamente a hemicrania (medio cráneo),
porque a menudo sólo duele una parte de la cabeza. Con mucha frecuencia el dolor es
incisivo en la parte posterior del ojo. Sin embargo, para caracterizarla es más adecuado
hablar de la constelación de fenómenos físicos y emocionales que se produce o, como
apunta el neurólogo Miguel Balcells, de una auténtica "meningitis química".
Hay diversos tipos de migraña, pero las más habituales son la clásica,
en la que el inminente dolor de cabeza se anuncia por un aura (fenómenos visuales,
postración...), y la común, en la que dolor de cabeza, vómitos y otros síntomas surgen
de improviso.
El mito
de la personalidad migrañosa y otros equívocos
Los migrañosos no tienen la personalidad patológica que se les ha
atribuido: perfeccionistas, frustrados, dubitativos, rígidos. "Los perfiles
psicológicos que se crearon hace 50 años han pasado a la historia, como también el
considerar que la migraña afecta a personas con un coeficiente intelectual alto o un
status socioeconómico elevado", afirma Miguel Balcells, jefe del servicio de
neurología del hospital Sagrado Corazón de Barcelona.
En una enfermedad de distribución universal y que afecta a cientos de
millones de personas de todas las culturas y caracteres. Difícilmente pueden
identificarse rasgos psicológicos comunes. Tampoco cabe hablar de conflictos
psicológicos como causa; el posible conflicto sería más bien una consecuencia de la
persistencia del dolor.
El mito de que la migraña es una enfermedad femenina se desvanece por el
simple hecho de que también la padecen los hombres. Sin duda, la jaqueca está
influenciada por factores hormonales y eso puede explicar, entre otras cosas, que la
sufran más mujeres que hombres, en una proporción de 4 a 1. Está claro que la vida
hormonal femenina tiene una influencia directa sobre la migraña: normalmente el trastorno
se presenta en la pubertad, mejora durante el embarazo, se agrava a menudo con la
menstruación y se cura después de la menopausia en dos tercios de los casos.
Epilepsia
Otro de los mitos frecuentes es emparentar la migraña con la epilepsia.
Aunque la última palabra no está dicha y algunas investigaciones han sugerido un origen
genético común, no hay nada demostrado al respecto. Hay, sin embargo, un tipo de
migraña muy poco frecuente (alrededor de un 3%) propia de adolescentes, que responde
positivamente a medicamentos antiepilépticos, según Balcells.
Por lo que respecta a la cuestión de si los migrañosos tienen mayor
riesgo de sufrir un accidente cerebral agudo o ictus la respuesta no está tan clara. El
riesgo de infarto cerebral es ligeramente superior en las mujeres que sufren migraña y
claramente mayor si se trata de una migraña con aura y se asocia con el consumo de tabaco
y de anticonceptivos orales. Con todo, el riesgo absoluto de padecer un infarto cerebral
es bajo en esta población.
Finalmente, un espinoso problema ha empezado a plantearse tras la
introducción de los fármacos triptanes: según un trabajo publicado en enero en la
revista The Lancet, se han observado casos en los que estos medicamentos podrían causar
un aumento de la frecuencia de las crisis de migraña. |