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La realidad de lo virtual

(Publicado por la revista digital aIRcenter Network)

Desde hace tiempo está entre nosotros una nueva forma de teatro, el cine. Para estar a la moda, hoy diríamos "teatro electrónico", o "e-theatre". ¿Las diferencias con el teatro tradicional? No necesita actuarse cada vez que el espectador lo quiere ver, ya que puede reproducirse mediante un proceso electrónico.

Este "teatro electrónico" permite, incluso, ir más allá del "teatro real", pudiendo representar escenas fantásticas, con efectos especiales, con imágenes y sonidos que no serían posibles en el "teatro real". No hay un continuo de escenas, por el contrario, escenas parciales son grabadas y compaginadas.

Tanto es el tiempo que ha estado entre nosotros, que ya no estamos conscientes de que el cine, a diferencia del teatro, es la proyección de imágenes en una pantalla y la reproducción de sonidos en unos parlantes. No hay "actores reales" actuando una obra. La pregunta decisiva es, ¿qué es lo importante? ¿El método de reproducción de este tipo de teatro, o las sensaciones, los impactos, las interpretaciones que esto genera en el espectador (que para el caso son similares a las del teatro real)? ¿Qué pasaría si el teatro electrónico pudiera presentar hologramas (imágenes tridimensionales)? ¿Produciría en el público los mismos efectos que el teatro real?

Tomemos otro ejemplo. La visión directa con presencia física en el lugar de los hechos puede ser reemplazada gracias a otro gran invento, la "tele-visión", o visión a distancia. Las imágenes y sonidos también se pueden grabar y reproducir televisivamente sin necesidad de actuarlas cada vez que se quieren ver y oír. También permite ir más allá de la "visión real". Otra vez, la "tele-visión" ofrece una reproducción que no es la copia exacta del original.

Y vuelve la pregunta, ¿es importante la artificialidad? ¿O es más importante lo que le ocurre al "tele-vidente" al recibir estos estímulos?

Y hay más para enumerar. La conversación física presencial también puede ser reemplazada, desde hace tiempo, por la conversación a distancia, la "tele-fonía". Las cartas, que antes eran consideradas "reales" cuando eran escritas a mano o con una máquina de escribir, por virtud de la Internet -servicio revolucionario- pasaron a ser un "e-mail". Son registros electrónicos que exhiben símbolos representativos de lo mismo que leemos en las cartas tradicionales. Permiten enviar electrónicamente lo mismo que antes viajaba por "correo físico" (archivos, imágenes, y sonidos, todos digitalizados). Finalmente, tenemos la "realidad virtual", que avanza aún más sobre los estímulos a nuestros sentidos.

Pero, a estas imágenes y sonidos que no llegan a nuestros sentidos en forma directa sino luego de un proceso de reproducción electrónico, ¿las podemos llamar artificiales? ¿Son virtuales o son reales? La clave no está en el medio de reproducción, sino en la representación interna que estas imágenes y sonidos producen en nuestras mentes. Un estímulo externo captado por nuestros órganos sensoriales es traducido por ojos y oídos en señales electroquímicas internas que viajan entre neuronas a través de enlaces sinápticos que conectan dendritas y axones. Estas señales, a su vez, llegan a nuestra mente y producen una representación interna, que no es la realidad exacta, sino una interpretación personal obtenida luego de pasar por nuestros sensores (ojos y oídos), y ser decodificada por nuestra jerarquía de valores, entorno cultural, creencias, actitudes, experiencias anteriores, y nuestra forma de ver el mundo.

Basta con ver una foto de la Luna. Los ojos captan colores, pero es el decodificador interno de una persona ilustrada el que interpreta dichos colores como un cuerpo celeste que es el satélite de la Tierra y que se llama Luna. Esta interpretación, por lo tanto, no es totalmente objetiva, sino que depende de la serie de factores anteriormente expresados.

La representación interna que una manifestación física externa genera en nuestra mente es lo que en definitiva importa. Aquello que es en apariencia virtual por provenir de medios de reproducción electrónicos en ausencia de contacto presencial, no es otra cosa que una forma diferente de transmitir una idea a nuestra mente. ¿Virtual? ¿Real? ¿Objetivo? ¿Subjetivo? Es cuestión de percepción.

Pablo Martín González

 


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