Los que ponen la culpa en los otros. En los padres, en la oposición, en
los pobres.
¿Qué hace con la plata que gana?
Tengo una fundación en Brasil que ayuda a los chicos necesitados. El
próximo año voy a incorporar a los ancianos. Dedico gran parte de mi dinero a la
fundación. Viajo, pero gratis, invitado por editoriales.
Usted está almorzando y viene un chico a pedirle limosna. ¿Le
da?
Estoy comiendo y viene alguien que tiene hambre, claro que le doy. No
sólo yo. Todas las personas del mundo.
¿Hubo un día clave en su vida?
¡Qué difícil! No sabría decirle. No quiero estar sujeto a un día
porque lo considere más importante ni quiero despreciar otras fechas. Todas me dan lo
mismo. Yo siempre vivo el momento, el presente.
¿Lo acosan las fans?
Acosar no es la palabra. Se acercan. Para mí es un gran placer. Escribir
es un trabajo muy solitario. Y eso me da mucha alegría porque es el contacto ojo a ojo
que tengo con el lector.
¿Viven sus padres?
Mi papá.
Ellos en su juventud lo internaron en un manicomio. ¿Cómo se
lleva ahora con él?
Muy bien. En "Veronika decide morir" se toca ese tema. Pero me
llevo muy bien desde hace años. Creo que el conflicto en el ámbito familiar es muy
importante, porque ayuda al niño a tomar decisiones. Yo tuve que luchar por mis ideas y
abandonar mi casa.
¿Tiene hijos?
No. No se dio.
¿En qué piensa cuando escribe?
En nada. Soy como un niño. Me dejo llevar. Conozco el final y el
principio de mis libros, pero no sé cómo una cosa me llevará a la otra.
Dicen que la tipografía espaciada y las ilustraciones de sus
libros permiten una lectura tramposamente veloz...
No me parece que sea así. De todas formas, eso no está en mi control. Yo
tengo contratos con las editoriales más importantes y supongo que ellos publican mis
libros de la mejor manera.
¿El Alquimista es una parábola que fue escrita por varias
civilizaciones?
Sí, es cierto. Yo retomé esa parábola. Pero la historia estaba escrita
de antes. Habría que ver si en 500 años mi libro sigue siendo recordado como estas otras
parábolas.
Sucedió algo parecido con Drácula, de Bram Stoker.
¡Drácula, claro! Yo soy un especialista en vampirismo. Tengo un diploma
de vampirólogo que me dieron en Londres.
¿Cree en los vampiros?
No de carne y hueso. Pero ellos representan una metáfora del uso de la
energía. A los que la entregan completamente les va mal. Y a los que se la quedan toda
para sí solos, también. Se debe tener un equilibrio.
Si le conceden un deseo, ¿qué pediría?
Pediría 324 deseos más.
¿Cuál sería su segundo deseo?
Depende de si estoy en un momento egoísta o si estoy generoso.
¿A veces es egoísta?
Sí, por supuesto. Soy un hombre completo, con todos sus defectos y todas
sus virtudes.
¿Cree en el Diablo?
Sí, el Diablo vive en los detalles. Es muy sabio. No puedo decirle más.
¿Existen el infierno y el paraíso?
Sí, pero pienso, como Borges, que los dos tienen el mismo rostro.
¿Y usted adónde va a ir a parar?
Aún no lo sé. Cambio todo el tiempo. Mi vida es muy fluida.
¿Se imagina de viejo?
Sí, me imagino escribiendo, charlando con amigos, fumando, bebiendo.
¿Con esos vicios piensa que llegará?
Por supuesto. Los que comen verduras se convierten en viveros y no llegan
a viejos. Las personas que conozco que fumaron y bebieron sin culpas vivieron muchos
años.
¿Lo conoce a Menem?
Sí, lo conocí en Suiza en un foro económico mundial. Nuestro encuentro
fue muy breve. Estábamos afuera, sobre la nieve, con un día de 15 grados bajo cero. Me
pareció un hombre muy interesante.
¿Hubo algo que no le preguntaron nunca?