(Recorte
del diario La Vanguardia, de Barcelona)
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No le gusta que le califiquen como
divulgador científico. Adolf Tobeña
prefiere el apelativo de ensayista, porque reivindica su condición de opinante de la
realidad científica, desde su doble faceta de científico y humanista. En su ámbito de
ensayista lleva más de diez años informándonos sobre el cerebro y, según dice, por
cada situación que nos explica, le quedan muchas más que contar. El cerebro es para él
una glándula de una complejidad admirable, cuyo conocimiento empieza a ser develado, pero
que todavía depara a la ciencia y a la sociedad un sinfín de misterios y sorpresas cuya
naturaleza se nos escapa. Pues bien, algunos de estos misterios son los que nos relata en
su incursión en el mundo de la divulgación, que acaba de aparecer en el mercado
editorial en forma de libro. Escrito en catalán, su título "Neurotafaneries",
que podríamos traducir por "Neurofisgoneos", nos indica ya la naturaleza del
libro, una suerte de "zapping" periodístico a la realidad científica.
¿Qué es "Neurotafaneries"?
Las "neurotafaneries" son excursiones
amables al interior del cerebro humano. Amables, porque desean ser entretenidas. Por un
lado son viajes por diversos atajos tecnológicos a los más recónditos rincones de la
mente, que pueden ser tan apasionantes y divertidos como, por ejemplo, los cuentos de Quim
Monzó, y actuar de acompañantes del ocio estival, en la piscina, en el jardín, en la
playa o en la montaña, porque son textos relativamente cortos y apasionantes; al menos
para mí lo ha sido escribirlos. Por otro, son "fisgoneos" porque antes los
viajes al cerebro se habían realizado aprovechando grietas inseguras, indirectas, como la
interpretación de los sueños, las asociaciones libres, en definitiva, investigaciones
literarias muy jugosas, pero científicamente muy pobres. Pues bien, ahora podemos
penetrar en el espíritu humano con la ayuda de la neurobiología y con paso firme. Las
técnicas de la neurociencia actual han permitido abrir la cáscara craneana que protegía
la glándula pensadora, y ahora sus misterios son accesibles a nuestras investigaciones.
¿Acepta la sociedad que se destruya el misterio de
la mente?
La sociedad ha aceptado bien que penetremos con
productos farmacológicos o con otras técnicas en el territorio de la mente. Lo ha hecho
ya en el caso del dolor, del sueño, de la tristeza, de la angustia, y estoy convencido
que nos permitirá hacerlo con el deterioro, en los fallos de memoria, en la demencia, y
en los trastornos neuromadurativos. Esto ya lo estamos consiguiendo con los instrumentos
que tenemos a nuestro alcance. Pero es cierto que a la gente le inquieta que se entre en
el ámbito de la agresividad, del amor, de la compasión, y ello porque quizás, si
entramos, quiere decir que estamos desmontando el enigma. Sin embargo, esto no ha ocurrido
nunca en ciencia. Creo que se trata de un miedo comprensible, pero injustificado. Cierto
es también que la ciencia se puede utilizar mal, pero, en general, crea nuevas
complejidades, no simplifica y, por tanto, aumenta nuestra fascinación. La ciencia no
destruye los misterios de la mente, crea otros.
¿Podemos llegar a conocer el cerebro en toda su
complejidad?
A los neurobiólogos no nos preocupa que el cerebro
sea complejo. Al revés, cuanto más complejo, más tenemos donde trabajar. Recientemente
se ha dicho que los enigmas de la ciencia se acaban. Pues bien, en el caso del cerebro
sólo acaban de empezar.
El editor de "Nature", por ejemplo,
comentaba no hace mucho que quince años atrás se consideraba que el cerebro era
inabordable, mientras que ahora es una de las disciplinas científicas con mayor futuro,
ya que se ha emprendido el análisis de las bases neurobiológicas del pensamiento, las
emociones y de las patologías neurales.
La revolución sería cultivarlo, crear oficinas de
comunicación científica y tener como responsables en este campo a algunos de sus mejores
científicos. Con vocación y habilidad debería ponerse al servicio de esta importante
actividad. Podemos decir que es una asignatura pendiente.
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Adolf Tobeña nació
en Graus, Huesca, en 1950. Es doctor en Medicina, catedrático de Psicología Médica y
Psiquiatría de la Univesitat Autònoma de Barcelona. Desde hace más de diez años
colabora con distintos medios de comunicación en donde, mediante conversaciones
radiofónicas, o bien con artículos periodísticos, divulga sus opiniones sobre las
investigaciones de la neurobiología en particular, así como de otras ciencias que tratan
de una forma u otra con el cerebro, la psicología y la mente. Ha publicado diversos
libros de ensayo sobre las contribuciones que ha aportado el conocimiento del cerebro al
análisis de las interacciones humanas. Ha recibido, entre otros, el Premi Avui de
periodismo de 1991 y el Premi Ciutat de Barcelona de Ciència de 1992. Acaba de publicar
en catalán el libro "Neurotafaneries", de Edicions Bromera, que recoge sus más
recientes colaboraciones periodísticas recopiladas en forma de textos. |