
Gran fábrica de carruajes y
automóviles
de Augusto Wall
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BUENOS AIRES, año 1900 (texto de la
época, de autor desconocido).- La luz es una de las grandes magnificencias de
nuestra Capital: de día la que le da su radiante sol, de noche la que le da la portentosa
riqueza de sus habitantes.
La limpieza pública, es decir, el barrido y el riego de las
avenidas y calles de la ciudad, es otro de los servicios públicos de que Buenos Aires
puede enorgullecerse: se hace con regularidad, y se hace en forma tal que llama la
atención y merece elogios de todos aquellos viajeros que rinden culto a la verdad.
Buenos Aires, se dice, es una ciudad bien y hermosamente
pavimentada, y ese pavimento de sus vías públicas que pertenece a los mejores sistemas
que se conocen, es tenido siempre con esmerada limpieza. Y eso que se dice es verdad.

Carruaje de la cochería del Sr.
Marcial Mirás
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Y cuando quiera hacerse justicia a los esfuerzos que ha sido
necesario hacer, y a los millones que ha sido necesario invertir en el pavimento de las
avenidas y calles de Buenos Aires, menester es tener en cuenta la extensión de la
metrópoli argentina, y la rapidez con que se extienden y crecen los barrios que la
forman.
El pavimento de madera, colocado sobre base de concreto de
portland, mide una superficie total que pasa de 600.000 metros cuadrados; el afirmado de
asfalto llega a 300.000 metros, y el adoquinado de granito colocado sobre buenas bases,
cubre en su totalidad una superficie de más de 5 millones de metros cuadrados. |