Argentina, un siglo atrás

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Comunicaciones y transportes (primera nota)

Los ferrocarriles argentinos


Estación Constitución, hacia 1908, la
principal del Ferrocarril del Sud

BUENOS AIRES, año 1900 (texto de la época, de autor desconocido).- El primer ferrocarril argentino, el Oeste de Buenos Aires, fue debido a la iniciativa y esfuerzos de un grupo de ciudadanos argentinos, y se dio comienzo a las obras con capitales propios.

Ese ferrocarril, que perteneció en sus primeros años a la provincia de Buenos Aires, por un grave error financiero pasó a ser propiedad de una empresa inglesa, hoy mismo está administrado por ciudadanos argentinos.

Extendiendo sin interrupción su línea principal y los numerosos ramales que de ella parten, ha ido llevando la riqueza, el progreso y la civilización a comarcas que, cuando sus locomotoras principiaron a recorrer los primeros kilómetros de su línea, eran desiertos incultos o teatro de las hazañas de los salvajes.

A dos mil kilómetros llega la longitud de la línea de este nuestro primer ferrocarril, con relación al comienzo de su construcción, pasando de pasando de ochenta millones de pesos oro el capital empleado en todo cuanto se le relaciona.

Y por la importancia de las sumas en él invertidas, por las distancias que recorre y por los beneficios que produce, correspóndele el primer término al gran Ferrocarril del Sud; que partiendo de la metrópoli llega, allá, a los contrafuertes de los Andes, por el lejano Sud, y en brevísimo tiempo entrará a Chile.

A la elevada suma de doscientos millones de pesos oro llega el capital inglés invertido en esta obra magna, que tan inmensos beneficios ha reportado a la República Argentina. La extensión de la línea principal y la de los ramales de este ferrocarril pasa de cuatro mil quinientos kilómetros, y de diez y ocho millones el número de los pasajeros que sus trenes han transportado en este año.

Síguele en importancia el Central Argentino, cuya línea principal parte de la ciudad del Rosario y va a la ciudad de Córdoba; habiendo dado origen y vida a uno y otro lado de sus rieles, en toda la distancia que media entre esas dos populosas y ricas ciudades, a numerosos emporios de actividad, de riqueza y de cultura.

Mención especial también merece el ferrocarril al Pacífico, que parte de la Capital Federal y llega ya al pie mismo de las altas cumbres de los Andes, que en brevísimo tiempo atravesará, penetrando a Chile por el Oeste.

Y como notable progreso realizado en los ferrocarriles argentinos, debe citarse el hecho, cuyo honor pertenece a los ferrocarriles de Entre Ríos, de poder partir de la Capital Federal, y sin cambiar de tren, recorrer la parte más poblada y rica de nuestra Mesopotamia, atravesando el gran río Paraná, por medio de sus ferry-boats.


Estación Rivadavia, del
Tranway Anglo-Argentino

Por el Norte puede ya irse desde Buenos Aires hasta nuestros límites con Bolivia, allá, en Jujuy; al Este, hasta nuestros límites con el Brasil, recorriendo las márgenes del Alto Uruguay; y por el Centro, atravesando las fértiles comarcas que riegan el Paraná y el Paraguay, pronto, muy pronto, el silbado de las locomotoras argentinas anunciará su llegada a los habitantes de la Asunción, capital de la República del Paraguay.

A más de las nombradas líneas, las otras empresas ferrocarrileras que valorizan nuestras tierras y aumentan nuestra riqueza, son las siguientes: Buenos Aires y Rosario y Gran Oeste Argentino, ambos de trocha ancha, como lo es asimismo el Andino, de propiedad del Estado.

De los que se llaman de trocha media, pertenecen a tres empresas distintas: Nordeste Argentino, Entre Ríos y Central Buenos Aires. Los de trocha angosta son: El Central Norte y el Argentino del Norte, ambos propiedad del Estado; y pertenecientes a empresas particulares los de la Compañía Francesa de las provincias de Santa Fe y Buenos Aires, los de la provincia de Córdoba, Noroeste Argentino, Córdoba y Rosario, Trasandino Argentino, Central del Chubut, y el Midland que acaba de inaugurar sus líneas, y que en breve tiempo irá de Buenos Aires a Bahía Blanca, valorizando los campos de las vastas y fértiles comarcas que cruzarán sus rieles.

Y dentro de bien pocos años, debido a la iniciativa y tenaz perseverancia del señor Otto Franke, un ferrocarril eléctrico permitirá salvar en pocos minutos la distancia que media entre las ciudades de Buenos Aires y La Plata.


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Editada en Buenos Aires - Argentina