El espíritu terapéutico y el sentido de la vida
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Dr. Carlos M. Martínez-Bouquet
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Entiendo por "espíritu terapéutico" el
valioso impulso que motiva a quienes tienen vocación de curar los males ajenos, aliviar
sus padecimientos, equilibrar sus desarreglos, promover su salud. Ese aspecto del ser
humano ha producido nuestras disciplinas médicas - la medicina y la cirugía - , cuando
ha dirigido su interés hacia el cuerpo. Aplicado a los componentes emocionales del ser
humano ha originado las psicoterapias. Aplicado al nivel de la energía vital ha producido
- en totalidad o parcialmente - una serie de medicinas en Oriente: acupuntura, medicina
ayurvédica, medicina tibetana, medicina de los curadores filipinos, etc. y en Occidente
la homeopatía y las terapias reichianas: análisis bioenergético y otras.
Pero el ser humano no se compone sólo de cuerpo
físico, energía vital y un nivel emocional. Así es que, cuando estamos ante alguien que
tiene comportamientos moralmente desajustados, nuestro espíritu terapéutico se mantiene
silencioso e impotente o se manifiesta inadecuado. Es que el espíritu terapéutico del
hombre no ha llegado a producir medicinas eficientes, confiables, sistemáticas,
utilizables para ese nivel del ser humano.
Por ejemplo, al querer dar cuenta de la conducta y
la personalidad de un individuo que ejerce el poder de un modo arbitrario, egoísta,
desaprensivo y dañando a mucha gente, solemos tener expresiones valorativas. Decimos, tal
vez, que fulano es un... Se trata frecuentemente de modos en que manifestamos nuestro
repudio, expresiones emocionales que ni por asomo han surgido de la reflexión ni de un
afán científico o taxonómico. Pero, otras veces, sí son verdaderos intentos de definir
a esa persona y a su conducta. Sin embargo, las expresiones mismas usadas para
caracterizar dicha conducta están demasiado cargadas de matices valorativos, mientras que
lo que necesitamos son expresiones descriptivas, que las ubiquen dentro del ámbito de una
patología moral.
Otras veces, decimos que tales individuos son
delincuentes. En estos casos es nuestro espíritu de justicia y no el terapéutico el que
ha entrado en actividad.
Es que, para las debilidades y enfermedades morales
no tenemos respuestas terapéuticas, sino valorativas y jurídicas; o políticas; o
movidas por nuestra energía de supervivencia social. Si bien tales conductas y personas
afectan estos ámbitos, tal cosa no faculta a los puntos de vista centrados en ellos para
substituir al enfoque terapéutico. Son otra cosa.
A veces, más sofisticadamente, usamos una
referencia y nomenclatura psicopatológica. Así, decimos que tal general es un esquizoide
grave o que tal contraalmirante es un perverso. Sin juzgar lo acertado o desacertado de
tales diagnósticos, cometemos un error categorial en cuanto a lo esencial del fenómeno
patológico que intentamos comprender y describir. Nuestra descripción no se ha ocupado
del fenómeno central, que es de índole moral; sino de un fenómeno que es más
periférico, de índole emocional. Con una taxonomía psicopatológica pretendemos
describir una patología que no es de esa categoría.
Cuando en los párrafos anteriores me refiero a los
"niveles" del ser humano me apoyo en una muy generalizada concepción que
considera al ser humano como un compuesto (psique y cuerpo; cuerpo, mente y espíritu;
cuerpo físico, energía vital, nivel emocional, nivel mental, nivel del amor, espíritu;
etc.). Uno de estos niveles - cercano al centro, al espíritu o la chispa divina - es
aquel que tiene que ver con los valores, con la verdadera moral, con las virtudes, con el
sentido de la vida. En él se ha avanzado aún poco. De ese nivel se han ocupado algunos
terapeutas: entre ellos, Víctor Frankl, Roberto Assagioli, Carl Jung y psicoterapeutas
transpersonales; asimismo, distintas religiones han establecido y enseñan prácticas
encaminadas a favorecer el crecimiento moral de los individuos.
Todo esto no constituye sino antecedentes
precursores de una necesitada terapia adecuada al nivel de los valores, las virtudes y el
sentido de la vida. Ésta deberá contar una estructura teórica sobre la que sustentarse,
una nosografía reconocida y técnicas apropiadas de acción que posibiliten efectivos
resultados, tanto terapéuticos como de crecimiento, en este nivel del ser humano.
Este tipo de disciplina es urgentemente necesitada
para contribuir a la disminución de la inmoralidad generalizada, encarar de un modo
diferente el problema carcelario, facilitar la reconducción de los desorientados hacia un
sentido de su vida que han perdido, reestructurar las redes de poder en el mundo, de modo
que no sea tan alta la tasa de patología moral entre los que manejan los resortes
políticos, y lograr que la historia humana acabe de ser un muestrario de altas
brutalidades, estupidez y estólido egoísmo.
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El Dr. Carlos Martínez-Bouquet es médico
psicoterapeuta, psicoanalista, psicodramatista, analista bioenergético, psicoterapeuta
transpersonal, profesor universitario, fundador y director de la Fundación
Martínez-Bouquet. Director de Honor de la Sociedad Argentina de Psicodrama, de la
Asociación Transpersonal Argentina y del Instituto Argentino de Análisis Bioenergético,
miembro del CIT (Colegio Internacional de Terapeutas). Autor y coautor de varios libros
sobre temas de sus especialidades. |