Pequeños síntomas suelen esconder grandes
problemas
Ocho preguntas
que los padres
jamás deben dejar sin respuesta
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Sonia Martínez Lomas
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Estamos frente a un niño de 12 años, cuya
identidad se preserva por razones más que comprensibles y obvias.
Según sus propios padres, que concurrieron a
consulta psicológica y llevaron al profesional ocho preguntas acuciantes, este niño se
preocupa demasiado por todo para su edad, no se relaciona con muchos niños/as y siempre
prefiere estar con adultos.
Se trata de una persona con miedos frecuentes, que
destaca el temor a que le suceda algo malo a él o a su familia; demuestra suspenso
(ansiedad) frente a exámenes o a la realización de algún trabajo de clase incorrecto;
es nervioso, impaciente, introvertido y, por otro lado, educado, trabajador y reflexivo;
tiene pocos amigos, encontrándose bien en familia; en el colegio su comportamiento es
excelente aunque su profesor destaca su dificultad para hablar en público.
Y entonces, como padres responsables, preguntan:
1. ¿Es grave que nuestro
hijo esté tan preocupado a su edad?
El miedo es una emoción adaptativa, es normal tener miedo e incluso es una ventaja que
nos ha llegado de nuestros antepasados. Así, tener miedo a cruzar la calle cuando vienen
coches es ventajoso pero el miedo constante por lo que pueda pasar será un inconveniente
en su vida. Al estar en constante alerta el niño se cansará y no podrá relajarse en sus
relaciones sociales, en la noche..., pudiendo evitar situaciones que son adecuadas para su
desarrollo.
2. ¿Cree que puede ser
pasajero?
Depende del tiempo e intensidad que el niño haya estado sintiendo estos miedos: si el
niño siente miedo y puede controlarlo se pasará, pero en el caso de que no lo controle y
lo evite puede crear un mecanismo de defensa. Este mecanismo consiste en evitar toda
situación que le produzca miedo, con esto, puede evitar cada vez mayor número de
situaciones y no ser adaptativo en su vida, no disfrutando de muchos acontecimientos
propios de su edad.
3. ¿Qué opina de que
prefiera estar con adultos antes de estar con niños de su edad?
Siempre y cuando él se sienta bien, no hay problema. Éste llega cuando lo hace para
sentirse protegido. Al sentirse inseguro no puede disfrutar de sus relaciones con otros
niños/as, su ansiedad disminuirá al estar con los adultos con los que él se siente
tranquilo.
4. ¿La falta de seguridad
puede tratarse?
Por supuesto. Habría que estudiar qué hay debajo de ésta. Las personas con las que he
trabajado hasta el momento han desarrollado una base segura a partir de:
- La autoestima (sentimiento de valía de uno mismo).
- El autocontrol (relajación fisiológica, toma de conciencia y manejo de pensamientos
distorsionados- "voy a suspender", " no me van a aceptar", "no
soy capaz" y emociones desproporcionadas- ansiedad, ira, fobias).
- La autoeficacia (creencia en la capacidad de uno mismo).
- Las habilidades sociales (seguridad en la relación con los demás a través del
conocimiento de conductas apropiadas en diferentes situaciones).
5. ¿Se aprende a
relacionarse con los demás?
Claro que sí. La mayoría de las personas la desarrollan espontáneamente a edades
tempranas; en los casos en los que no es así, el niño/a cada vez presentará mayor
dificultad, ya que el resto irá más avanzado que él/ella.
El aprendizaje se puede realizar desde casa, con el
ejemplo y explicaciones de determinadas situaciones. Es importante que el niño/a tenga
oportunidades de relacionarse con otros. Un pilar básico en la autoestima es el
sentimiento de valía en las relaciones con los demás.
6. ¿La timidez es un
problema?
No es un problema si la persona está contenta por como es y sabe relacionarse
adecuadamente con los demás. El problema se plantea cuando se es tímido por miedo a
hablar, por pensar que no está a la altura de los demás... Es el momento de plantearse
el aprendizaje en habilidades sociales (iniciar / mantener / finalizar una conversación,
pedir un favor, realizar queja, decir "no", hablar en público; desarrollar la capacidad de
ponerse en el lugar del otro, relajarse, reforzarse ante la propia actuación, entre otras
herramientas que se entrenan para el adecuado desarrollo en la relación con los otros).
7. ¿Nuestro hijo puede
aprender a controlar sus miedos?
Sí, por supuesto. Los miedos desproporcionados provienen de ideas irracionales que se
desarrollan ante una determinada situación. El niño puede rebatirlas tomando conciencia
de que en ese momento vienen a su cabeza ideas irracionales, realizándose tres preguntas
en las que se entrena antes de enfrentarse a la situación: ¿Es proporcionado mi miedo?
¿Qué es lo peor que me podría pasar? ¿Y lo mejor? ¿Me puedo relajar y disfrutar de
esta situación? Después el niño se daría mensajes que le ayudarían a relajarse:
"Lo voy a conseguir"; "Cada vez lo hago mejor"; "Me voy a
recompensar con lo que más me guste hacer".
8. ¿Cómo le podemos
ayudar nosotros?
Es importante:
- Devolverle una imagen positiva de él: reforzando sus cualidades,
animándole a superarse a sí mismo, no comparándole, elogiándole en sus pequeños
progresos.
- Mostrar comprensión de sus miedos, preocupaciones, interés por
hacerlo todo bien...
- Guiarle en sus relaciones, ayudarle a que vaya viendo qué conductas
son adecuadas y cuales no, dejándole pensar a él para que sea él el que resuelva sus
pequeños problemas del día a día -esto se hace evitando la afirmación y utilizando
más la pregunta en las conversaciones con el niño.
- Dándole pequeñas responsabilidades en casa fomentaremos su
sentimiento de valía y responsabilidad.
- Lo último y más importante: asegurarle que le queréis haga lo que
haga mostrándole afecto en diferentes situaciones.
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Sonia Martínez Lomas
Psicóloga M-20657
Especialista en Inteligencia Emocional
Directora de CRECE BIEN
Teléfono: (+0034) 620.555.159 |