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Existen varias versiones sobre los
remotos orígenes del ajedrez. La mayoría de ellas señala que el juego-ciencia nació en
la India y que fue inventado por el consejero de un rey, un filósofo llamado Sisa,
hace no menos de mil quinientos años.
Sisa lo habría ideado para demostrarle al rey, un hombre inflamado de
soberbia, que nada podría lograr si no era con la ayuda y el auxilio de sus súbditos.
En cuanto a las piezas que se alinean en el tablero de ajedrez, han ido
sufriendo transformaciones curiosas. La dama, por ejemplo, en sus orígenes pertenecía al
otro sexo. Si el juego plantea una batalla entre dos ejércitos, lógico es suponer que la
esposa del rey no puede ser una guerrera.
Antiguamente, esta pieza se identificaba como el diestro general y nadie
acierta a comprender por qué se convirtió en la única figura femenina del tablero.
Igualmente rara es la evolución de la torre que, como toda fortaleza, es
inmóvil. Por lo tanto, no debería desplazarse. Sin embargo, este misterio tiene
explicación. En las guerras prehistóricas, y aun en las de la Edad Media, se utilizaban
camellos o elefantes, sobre los que se montaban pequeñas torres circulares, de madera,
que servían de protección a soldados sumamente aptos en el uso del arco y de la flecha.
Se han encontrado antiquísimos juegos de ajedrez en los que las torres no eran tales,
sino elefantes que llevaban a cuestas esas especies de casamatas.
En su origen, también el alfil era un elefante. Por algo es que el
elefante se llama "al pil" en idioma persa. Sin embargo, la forma que ahora
tiene esta pieza revela que dicha figura fue reemplazada por la representación de una
autoridad eclesiástica. En efecto, parece coronada por la mitra del obispo. En inglés,
el "alfil" se denomina "bishop", que quiere decir, precisamente,
obispo.
Todas las voces relacionadas con el ajedrez proceden de lenguas que se
hablaban miles de años atrás. Por ejemplo, en persa, la torre se llamaba
"rokh", que para algunos autores significaba "carro de guerra". Y
puede decirse que esa locución ha resistido airosamente el paso de los siglos, si se
considera que en la actualidad se denomina "enroque" al único movimiento
ajedrecístico simultáneo de dos piezas: el rey y la torre.
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