MELIKI, Grecia (CNN).-- Aunque ellos se consideran cristianos, y para la
Iglesia Ortodoxa Griega no son más que meros paganos e idólatras, los Anastenari son un
culto repartido en cinco poblaciones del norte de Grecia.
Anualmente, durante los días dedicados a los santos Constantino y Elena,
los Anastenari elevan sus mentes a un estado de éxtasis en el cual pueden realizar lo que
es considerado por ellos como la prueba máxima de su fe: caminar y danzar sobre carbones
encendidos.
Los santones de la secta llaman a los adeptos a caminar sobre el fuego y
los protegen para que no sufran daño alguno, o al menos eso dicen los Anastenari, vocablo
cuyo significado es "los que suspiran".
"Esto no se hace en la iglesia. No es bendecido por ningún sacerdote
y los Anastenari no son conocidos por ir con frecuencia a la iglesia. Posiblemente, van
una vez al año", dijo el profesor Alkis Raftis.
El ritual tiene elementos paganos. El día del baile se inicia con un
sacrificio. Muchos expertos consideran que esto se deriva de los antiguos rituales
dedicados a Dionisio, cuando las personas solían entrar en un estado de éxtasis y
despedazaban a un animal, miembro por miembro.
En la tarde, los carbones son esparcidos y cortados en pedazos pequeños,
que se encienden con un fuego alimentado con madera de roble, a fin de que se mantenga la
misma temperatura durante la realización de la danza.
Para evitar posibles accidentes, se revisa la madera para asegurarse de
que no tenga clavos o alambres y, si los hay, éstos son retirados.
Sin advertencia alguna, se inicia la danza. Las personas empiezan a
caminar apoyando toda la planta del pie, para distribuir su peso uniformemente.
"El carbón encendido está cubierto por una capa de ceniza. Si el
danzante tiene miedo, pisará firmemente y se quemará. Si no se está temeroso, el paso
es ligero y solamente pisará el carbón durante una fracción de segundo", dijo
Raftis.
"Hemos visto a personas que por curiosidad han realizado este baile,
sin creer realmente en él, y han sufrido quemaduras. Siempre hay una ambulancia preparada
para llevárselas", agregó.
Minutos después, la danza ha terminado. Cuando los Anastenari se van,
dejan atrás a muchas personas incrédulas, algunas de las cuales se aventuran a tocar los
carbones, preguntándose si lo que acaban de ver ha sido una mera ilusión.
Muchos Anastenari creen que su estirpe está en riesgo de extinción, pero
a pesar de sus ocupaciones de carácter secular muchas personas continúan con el
tradicional baile.
"Por eso no temo que muera esta tradición", dijo Raftis. |