
Uno de los viejos
"locomóviles"
|
Locomóviles, así se llamaron los primeros automóviles que circularon
por las calles de Buenos Aires. Estas primeras máquinas fueron consideradas por muchos
porteños como 'cosa de locos'. Sin embargo, el tiempo demostró que no sólo eran útiles
para los locos, y aquellos extraños aparatos fueron aumentando en número y mejorando en
calidad. Tanto, que en 1901 llegaron a mil los coches registrados, cantidad que tres años
más tarde se cuadruplicó.
Así como la comodidad y el lujo de los autos comenzaban a tener mayor
importancia, también se despertó el interés por la velocidad y la competencia. Y fue
entonces cuando la osadía se convirtió en protagonista: se organizó la primera carrera
oficial.
Se llevó a cabo en 1904 en el hipódromo de Belgrano, ahora desaparecido.
Siete fueron los intrépidos que decidieron participar; entre ellos, Marcelo T. de Alvear.
De los automóviles competidores, seis eran Locomóviles y uno Rochester. Este último
resultó el vencedor. Alcanzó una velocidad de ochenta kilómetros por hora y realizó el
recorrido en tan sólo 49 minutos 1/4 de segundo.
Juan Cassoulet fue el airoso corredor que logró el primer puesto, aunque
tras semejante esfuerzo, se llevó los laureles pero se quedó sin el coche. ¿Por qué?
Pues porque el Rochester resultó tan exigido que atravesó la meta envuelto en llamas.
Llegó incendiado, sí, pero triunfó. |