Los físicos afirman: una gota de un líquido que fluctúa en
otro líquido, toma la forma esférica. Si queremos convencernos de esta verdad, podemos
hacerlo con un sencillo experimento.
Llenamos un vaso con agua y dejamos caer en él una gota de aceite.
Resulta que el aceite, aunque no lo parezca, es más ligero que el agua, y por serlo,
flota sin hundirse. Y al flotar, se esparce.
Así, la gota de aceite sobre el agua se convierte en un círculo de
aceite.
Si en lugar de agua ponemos alcohol en el vaso, la gota de aceite baja
hasta el fondo. Porque el aceite es más pesado que el alcohol. Y la gota de aceite se
aplasta en el fondo.
Pero si mezclamos en las debidas proporciones el agua y el alcohol, la
mezcla queda equilibrada en peso con el aceite. Es decir, se obtiene un líquido tan
pesado como el aceite, ni más ni menos.
Entonces, si echamos la gota de aceite en esta mezcla, ni queda en la
superficie ni baja hasta el fondo. Queda como suspendida fluctuando en medio del otro
líquido. Entonces toma la forma verdaderamente esférica, como una bolita de aceite.
Lo único difícil es que la mezcla y el aceite estén equilibrados en
peso.
Nunca lo están al primer intento. Si se ve que el aceite sigue flotando,
se añade más alcohol; si se ve que sigue hundiéndose, se añade más agua.
Y así hasta que, equilibrados los pesos, la gota de aceite se mantiene en
suspensión en el líquido, convertida como en una reluciente bolita de color amarillo
verdoso.
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