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A lo largo de la historia, la humanidad han ido
consumiendo los recursos naturales y degradando el medio ambiente, particularmente en el
último siglo, por el desarrollo de la industria, el transporte y ciertas prácticas en el
uso de la tierra. Las civilizaciones han alterado también su entorno local, talando
árboles o construyendo represas. Hoy, la suma de estos efectos ha alcanzado una escala
global. Incrementar nuestro conocimiento de las relaciones entre tiempo, clima y salud nos
ayudará a prever las consecuencias y a tomar las medidas de precaución apropiadas.
El cuerpo humano responde fisiológicamente a las
condiciones atmosféricas, como temperatura, humedad, presión, viento, radiación solar y
polución del aire. Aunque tenemos gran capacidad de adaptación a diferentes climas y
ambientes, somos vulnerables a situaciones meteorológicas extremas (como olas de frío o
calor) o cuando las condiciones del tiempo cambian en forma brusca. Se ha comprobado en
distintas partes del mundo que existe cierta dependencia, ya sea directa o indirecta,
entre el estado del tiempo y casos médicos de diversos orígenes, como ataques
cardíacos, complicaciones en el embarazo, reuma, hipertensión arterial, insomnio,
trastornos digestivos, respiratorios y nerviosos, y hasta suicidios.
El aire que respiramos contiene partículas y gases que afectan la salud. Los efectos locales de la
polución se traducen en ataques de asma y otras afecciones respiratorias. El número de
personas potencialmente afectadas varía según la presión atmosférica, la humedad y el
viento, que puede contribuir tanto a la dispersión como a la concentración de los
polutantes. Bajo determinadas condiciones atmosféricas, el efecto combinado de varios
contaminantes resulta más peligroso que sus efectos individuales. Un ejemplo de ello es
el smog fotoquímico, que se forma en días soleados cuando el aire contiene hidrocarburos
y óxidos de nitrógeno. La luz del sol produce una serie de reacciones químicas que
llevan a la formación de ozono.
Este gas, tan preciado en la estratósfera, cuando
se halla en capas bajas de la atmósfera afecta los tejidos del aparato respiratorio y
produce irritación en los ojos.
Es hoy un tema de dominio público que el
adelgazamiento de la capa de ozono estratosférico aumenta la incidencia de radiación
ultravioleta (UV) sobre la superficie terrestre. Esto puede tener serias consecuencias
para la salud resultando en un incremento del riesgo de contraer cáncer de piel,
cataratas y otras afecciones de la vista, como también daños en el sistema
inmunológico.
En muchos casos, la relación entre tiempo, clima y
salud no es tan directa, pero no deja de ser importante. Los desastres causados por
fenómenos meteorológicos como huracanes, inundaciones y sequías prolongadas afectan la
normal provisión de alimentos, agua potable, medicamentos y asistencia médica a las
poblaciones afectadas, y aumenta el riesgo de propagación de enfermedades infecciosas. La
lista de potenciales efectos del cambio climático sobre la salud es tan larga como uno
pueda imaginar.
Se espera que el calentamiento global conduzca a una
mayor incidencia de desórdenes psicológicos y enfermedades respiratorias y
cardiovasculares. Los casos mortales causados por olas de calor, inundaciones y tormentas
severas aumentarán por su mayor intensidad y duración.
Pero los efectos indirectos del cambio climático
pueden ser aún mayores a largo plazo. La alteración de los ecosistemas provocará un
aumento de las enfermedades tropicales transmitidas por insectos (dengue, malaria, fiebre
amarilla y otras). Como el clima juega un papel dominante en la determinación de su
distribución y abundancia, el calentamiento puede contribuir, tal como ya ocurre, a que
se extienda el dominio geográfico de muchos de estos insectos. Aguas más calientes
permiten la proliferación de microorganismos que pueden favorecer el desarrollo de
ciertas enfermedades. El vibrión colérico vive a la sombra de musgos y algas; el aumento
de la temperatura del agua permitiría crecer la población de algas, ayudando al vibrión
a sobrevivir y reproducirse.
El cambio climático puede tener también un impacto
sobre la disponibilidad y la calidad del agua para uso doméstico y agrícola. Un aumento
en el nivel del mar puede causar la contaminación salina de acuíferos y ríos. En un
mundo más caliente se espera que se produzcan inundaciones más severas en algunos
lugares y sequías más intensas en otros. Grandes inundaciones pueden llevar a un aumento
de la contaminación de las aguas por residuos, por el uso de agroquímicos y por la
mortandad de animales; reducidos niveles de agua en otros lugares pueden concentrar los
residuos patógenos en la superficie de ríos y lagos.
Los efectos negativos del cambio climático sobre la
salud no pueden estimarse sólo a través del estudio de los escenarios futuros del clima.
Deben tenerse en cuenta también las tendencias en las condiciones socioeconómicas de la
población, tales como educación, alimentación, vacunación y acceso a sistemas de
salud, lo que convierte al tema en un problema que debe ser abordado en forma
interdisciplinaria.
Es, entonces, de fundamental importancia, la
estrecha cooperación entre los órganos de gobierno, las instituciones y profesionales
del clima y la salud y la comunidad en general, en el estudio de los efectos del tiempo y
el clima sobre la salud a nivel regional y local.
A partir de estos estudios, la información
meteorológica y climática podría ser aprovechada para el diseño de adecuados programas
de prevención y alerta, basados en índices de confort y pronósticos de factores
relacionados con la salud de la población, como incidencia de radiación UV, niveles de
polución o población de insectos, necesarios para programar actividades al aire libre,
resguardar la salud de los grupos de riesgo o reforzar las guardias médicas y la
provisión de medicamentos donde sea necesario.
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