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Sin contar con el impacto que causan las grandes
obras de infraestructura que necesita, el transporte aéreo emite dos gases de invernadero
importantes: CO2 y vapor de agua. Además emite óxidos de nitrógeno (NOx), que causan la
formación de ozono (otro gas de invernadero) en la baja atmósfera (troposfera).
Los aviones utilizan enormes cantidades de
combustible: la mitad del peso de un Boeing 747 al despegar puede ser combustible (¿se
imaginan un coche cargando 800 litros de gasolina?), y la mayoría del mismo se quema en
el viaje.
Las emisiones de CO2 procedentes de la aviación son
unas 1.100 millones de toneladas cada año (180 millones de toneladas más que las
emisiones de un país como la India con unos 920 millones de habitantes), y representan el
5% de las emisiones humanas de dicho gas (unas 22.000 millones de toneladas al año). A
pesar de este porcentaje, el transporte aéreo es el sector que más rápidamente crece,
con sus emisiones doblándose cada década.
Por cada kilómetro recorrido y cada pasajero
transportado, un avión emite más de 100 gramos de carbono en vuelos cortos y de 30 a 50
gramos en vuelos largos. Un coche europeo emite en promedio 70 gramos de carbono por
pasajero y kilómetro, un tren una media de 10 gramos y una bicicleta 1 gramo, proveniente
de los alimentos que toma el ciclista. Conviene añadir que los trenes de alta velocidad,
tipo AVE, son más ineficientes energéticamente que los convencionales.
Aunque la eficiencia en el uso de combustible por la
aviación está creciendo cerca de un 3% cada año. Esto no puede continuar de forma
indefinida, debido a la existencia de límites físicos al rendimiento de los motores. El
transporte aéreo es el medio más rápido, pero también, y debido en gran parte a ello,
el que gasta más energía por pasajero y kilómetro, a pesar de que se intenta que los
aviones vayan ocupados al máximo, si se consiguiera en los trenes el grado medio de
ocupación de los aviones, la diferencia en eficiencia energética entre trenes y aviones
sería aun mayor a favor de los trenes. Por otro lado, los trenes se pueden mover con
electricidad; si esta electricidad se obtiene de fuentes renovables (hidráulica, solar,
eólica...), las emisiones de CO2 serán mínimas. Los aviones continuarán dependiendo de
combustibles derivados del petróleo (queroseno), al menos en un futuro previsible, y por
ello seguirán emitiendo CO2.
Para estabilizar la concentración atmosférica de
CO2 a un nivel seguro (que prevenga las peores consecuencias del cambio climático) se
deben recortar las emisiones de CO2 de los 22.000 millones de toneladas anuales a unas
10.000, lo que repartido entre los 6.000 millones de habitantes del planeta corresponde a
menos de 2 toneladas por persona y año. Sin embargo, en los países ricos se emiten unas
10 toneladas por persona y año (como media), en China unas dos toneladas y en la India
menos de una tonelada.
Los óxidos de nitrógeno (NOx) dan lugar a la
formación de radicales libres, que, combinados con oxígeno y con ayuda de la luz solar,
producen ozono. En la troposfera, este proceso origina la formación del "smog"
fotoquímico, una neblina contaminante que padecemos todos los habitantes de las grandes y
medianas ciudades. El ozono es, además de contaminante, un potente gas de invernadero. En
la actualidad, la aviación emite cada año unas 400.000 toneladas de NOx.
El efecto del vapor de agua emitido por los aviones
(que forma nubes del tipo de los cirros en la alta troposfera) es difícil de cuantificar,
pero podría tener un impacto sobre el clima aun mayor que el CO2 emitido, al menos a
corto plazo. Las nubes reflejan tanto la luz solar que llega a la Tierra como la
radiación infrarroja que sale al espacio, pero las nubes altas son muy eficaces atrapando
el calor que emite la Tierra (es decir, la radiación infrarroja mencionada).
Para la Asociación Ecologista de Defensa de la
Naturaleza (AEDENAT), aunque las emisiones de CO2 procedentes de la aviación son
únicamente un 5% del total de las humanas, esta cifra está creciendo rápidamente, y se
ve incrementada con las emisiones de otros gases de invernadero. El transporte aéreo es
notablemente ineficaz y costoso. Si queremos evitar el calentamiento mundial y sus peores
consecuencias, debemos recortar drásticamente las emisiones de CO2, lo que significa
reducir estas emisiones también en el transporte aéreo. Los viajes en avión se
deberían evitar, sobre todo en distancias cortas, cuando existan alternativas
(videoconferencias) o en los casos superfluos (incluidos las mal llamadas "vacaciones
ecológicas" en países lejanos).
Fuente:
Asociación Ecologista de Defensa de la Naturaleza (AEDENAT). |