Buenos Aires es una ciudad ruidosa, la cuarta después de Tokio,
París y Nueva York. El tránsito es el principal responsable. En más de la mitad de su
superficie se soportan niveles de ruido superiores al máximo nivel tolerable que fija la
OMS (55 decibeles), registrándose promedios de 80 dB y picos sonoros superiores a 100 dB.
El ruido provoca problemas auditivos y por sobretodo estrés, por lo cual
es imprescindible que se tomen medidas para bajar estos valores.
En Buenos Aires la contaminación atmosférica es la amenaza ambiental
más seria. Afortunadamente, los vientos que diariamente soplan desde el río favorecen la
dispersión de los contaminantes. Sin embargo, la construcción de torres de edificación
en el ambiente costero disminuye el efecto depurador de los vientos y genera mayor riesgo.
Los niveles de contaminación del aire son muy elevados debido a las
partículas en suspensión, en especial del parque automotor, responsable del 81% de la
contaminación atmosférica. Mediciones de distintos parámetros en el microcentro marcan
valores alarmantes que sobrepasan los valores máximos de 9 ppm de CO fijados por la
Organización Mundial de la Salud (OMS).
En horas de mayor tránsito los valores considerados aceptables se
triplican. Se producen anualmente 527.100 tn de CO, de los cuales el 86% se debe a los
automóviles nafteros que es, a su vez, el grupo más numeroso. El dióxido de carbono que
emana un motor diesel equivale al que exhalan 1179 personas, por lo cual el transporte
público de colectivos que utiliza gasoil es altamente contaminante y de gran necesidad su
reconversión a energías alternativas.
Hay también contaminación de suelo y de aguas por vertidos y
filtraciones desde tanques de combustible subterráneos y distintos lavaderos.
La publicidad externa afecta a los espacios públicos y al hombre por
sobre estimulación originando estrés por información excesiva, desconcentración de la
atención, degradación de la calidad paisajística y pérdida de la identidad. Carteles,
postes de luz, teléfonos, televisión y cable interfieren la visual.
Los monumentos, algunos de gran valor artístico, han sufrido severos
daños por vandalismo, producto de la falta de cultura ciudadana. Para evitar estas
acciones han sido cercados por rejas que afean los espacios públicos.
Quizás, algo o alguien nos enseñe a cuidar más nuestra ciudad. |