Antoine de Saint-Exupéry

Índice de esta sección | Portada

La madre

Mi querida mamá:

Acabo de releer tu carta del otro día, tan llena de ternura. Mi querida mamá, ¡cuánto deseo poder estar a tu lado! ¡Si supieras cómo aprendo a quererte cada día un poco más! Estos últimos días no te he escrito, ¡pero tenemos tanto trabajo en este momento!

Hace una noche suave y apacible, pero estoy triste, sin saber por qué. Este período de prueba en Avord resulta muy fatigoso a la larga. Necesito en gran manera una cura de reposo en Saint-Maurice y tu presencia a mi lado.

¿Qué haces, mamá? ¿Pintas? No me has dicho nada de tu exposición ni de la aprobación de Lépine.

Escríbeme. Tus cartas me hacen bien; con ellas me llega un hálito fresco y suave. Mi querida mamá: ¿cómo te las arreglas para encontrar esas cosas tan deliciosas que dices? Me dejan conmovido para todo el día.

Te necesito tanto como cuando era pequeño. Los brigadas, la disciplina militar, los cursos de táctica... ¡qué cosas tan áridas y ásperas! Te imagino arreglando las flores en el salón, y les cojo inquina a los brigadas.

¿Cómo he podido hacerte llorar a veces? Cuando pienso en ello me siento muy desdichado. Te he hecho dudar de mi ternura. ¡Y, sin embargo, si supieras la que siento por ti, mamá!

Eres lo mejor que hay en mi vida. Esta noche siento la nostalgia como un chiquillo. ¡Pensar que allá abajo caminas y hablas, y que podríamos estar juntos, y que no aprovecho tu ternura y ya no soy un apoyo para ti!

La verdad es que esta noche estoy tan triste que tengo ganas de llorar. Y la verdad, también, es que tú eres mi único consuelo cuando estoy triste. Cuando era un chiquillo y volvía a casa con mi cartera de colegial en la espalda, llorando porque me habían castigado (¿recuerdas en Le Mans?), me bastaba besarte para olvidarlo todo. Eras para mí un apoyo todopoderoso contra los vigilantes y los padres prefectos. En tu casa me sentía seguro, estaba seguro, era sólo tuyo y ello me gustaba.

Ahora es igual que entonces: tú eres el refugio, tú lo sabes todo, tú haces que lo olvide todo, y que, quiéralo o no, me sienta como un chiquillo.

Mamá, te dejo. El trabajo me desborda. Voy a respirar una última bocanada de aire por la ventana. También aquí, como en Saint-Maurice, hay sapos que cantan, pero no lo hacen tan bien.

Te besa tiernamente tu hijo grandullón.

Antoine.

Antoine de Saint-Exupéry
de CARTAS A SU MADRE

Recuerde que para reproducir nuestros textos debe obtener autorización expresa
Portal en español de turismo de aventura, deportes y ecoturismo en Iberoamérica

Ir a la portada de la revista © El Tercer Tiempo - Todos los derechos reservados  Comuníquese con nosotros para lo que necesite
Editada en Buenos Aires - Argentina