
El sicu
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Banda de sicuris de la quebrada de
Humahuaca y altiplano jujeño
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Es muy grande la variedad de formas y caracteres con
que la flauta de Pan se encuentra en América, y son muchos los pueblos aborígenes de
distinta jerarquía cultural que la conservan entre sus bienes más estimados.
Vamos a detenernos en el sicu, por ser una de las
especies que han penetrado en territorio argentino y se difunden con probabilidades de
arraigo local. Los aborígenes de la puna salteña conocen y cultivan ciertos tipos de
estas flautas desde antigua fecha.
Sicu es el nombre aymará de una especie de flauta
de Pan. En quechua se llama antara. la voz sico aparece ya en el vocabulario que el padre
Bertonio formó en 1612. "Unas flautillas atadas como ala de órgano" -dice
Bertonio. Sicuris deriva de la voz anterior, significa tocador de sicu, pero un proceso de
extensión ha hecho que la voz sicuris se aplique también al instrumento.
La flauta de Pan tiene además muchos otros nombres:
ayarichic, pfucu, fusa, arca, ira, sanja, hampa, taica hirpa, chiru, hauyrapuhura, molti,
tuto, etc., de origen indio. Ha muchas especies distintas de flautas de Pan. En primer
lugar, la clásica siringa: una hilera de canutos; en segundo lugar, la de doble hilera.
En este caso, los tubos pueden estar abiertos abajo; pueden estar cerrados; o bien, una
hilera de tubos abiertos y otra de tubos cerrados. El sicu típico está formado por doble
hilera de tubos cerrados, la segunda de las cuales tiene la mitad del tamaño, y son de
caña.
El instrumento, en posición vertical, es tomado por
el indio con una o con ambas manos y aplicado a la boca de modo que los filos de las
aberturas queden a la altura del labio inferior. Sopla. Suena. Para cambiar de sonido hace
deslizar el instrumento a derecha o izquierda y entonces el soplo emboca en otro tubo. El
ejecutante suele colaborar en el cambio haciendo girar un poco la cabeza.
El aire impelido sólo produce un sonido claro y
lleno en el tubo que está contra el labio; el otro tubo, el de la segunda hilera, recoge
el aire excedente y da un sonido muy débil, pero que refuerza al principal, pues siendo
su tamaño la mitad del otro, da la octava alta por simple ley de acústica.
Si Ud. tiene en su mano un sicu como el descripto,
lo aplica a sus labios y quiere tocar una melodía, no puede, ni podrá nunca. Porque el
instrumento de doble hilera en que está soplando no es un instrumento, sino la mitad.
La otra mitad que le falta está en poder de otra
persona que se dispone a colaborar, pues un ejecutante solo no puede obtener melodías del
sicu. En efecto, la escala está repartida entre los dos cuerpos instrumentales
independientes. Este tiene la primera nota, aquél la segunda, éste la tercera, aquél la
cuarta, etc.
La "banda de sicuris" se articula sobre la
base única del par de flautas complementarias. A ese par se añade otro igual, pero más
grande, de doble tamaño, que suena una octava más grave. A esos cuatro ejecutantes se
les añaden otros cuatro con idénticos instrumentos; y otros cuatro, etc.
El repertorio de estas "orquestas" incluye
música de distinto carácter, y resulta positivamente artístico.
La sonoridad del conjunto de sicus es original y
bella. Los tubos mayores pierden una parte del soplo que roza sus aristas, y el aire
sobrante hace sonar vagamente la octava aguda de los medios tubos; pero resbala y escapa
todavía, envolviendo toda la sonoridad en suave siseo.
Muchos hombres -doce o más-, soplando a un tiempo
en dobles tubos, extraen un sonido ancho y denso, sabroso a viento, más rumor que sonido,
pero no débil, sino poderoso, estremecido, como la voz del mar. Y va la emoción, alada,
en medio.
Carlos Vega
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