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El arpa tiene un origen que roza los lindes de la fábula.
Egipto, Asiria, Caldea, Israel, Grecia, etc., conocieron y
cultivaron el melodioso instrumento. Figura en las secuencias mitológicas de esos
antiguos pueblos y está presente en las referencias de sus monumentos poéticos y
literarios.
De reducido cordaje, al comienzo, participó del desarrollo de
los pueblos en sus distintas etapas históricas hasta llegar a nuestros días.
En su construcción se empleó madera, bronce, oro, metal batido,
marfil, etc., persistiendo a través de los tiempos su tradicional fisonomía triangular,
enriqueciéndose, conforme a las épocas en que la hallamos, con los aditamentos
decorativos señalados por el estilo en vigencia.
No ignoramos que en los siglos XVIII y XIX, cuando alcanzó el
apogeo que ha llegado hasta nuestros días, el instrumento, aparte de satisfacer todas las
exigencias del virtuoso o de las delicadas manos cortesanas que lo pulsaban, constituía
simultáneamente verdadera joya de artesanía, piezas de tallado prodigioso, donde el
barroco y el rococó desarrollaban sus fabulosos perfiles.
El arpa llegó, finalmente, y ya incorporada como instrumento de
solista o integrante de grandes agrupaciones orquestales, a un perfeccionamiento técnico
que llena todas las posibilidades y necesidades del ejecutante. Los pedales y su
complicado mecanismo, realizan una función definitiva en ese sentido.
Es indudable que al aporte hispánico, galo y anglosajón en
América debemos la presencia en las nuevas comarcas del clásico instrumento. Y si
constituyó un elemento primordial, junto al laúd y a la vihuela, en las veladas
virreinales, es evidente que la filtración de sus características al conocimiento
popular hizo el resto.
Un poco el proceso de imitación de sus piezas esenciales, y
otro, las dificultades materiales para la construcción exacta del tipo europeo, van dando
forma a la versión americana.
La instintiva sabiduría popular va acomodando, paulatinamente y
al correr del tiempo, ciertos detalles de construcción que finalmente otorgan al
"arpa india" una patente de autenticidad folklórica indiscutible.
Desde su popularización, los artesanos del instrumento musical
fabrican las arpas, siempre con maderas especiales estacionadas, procurando casi como en
rito ineludible, evitar el uso de clavos metálicos, y sí, en cambio, de madera dura.
En nuestro país, aún están en el recuerdo los nombres de
algunos viejos arpistas en la zona santiagueña, por ejemplo, y actualmente es de uso
habitual en el Chaco, Formosa, Corrientes y Misiones, zonas guaraníticas donde el
instrumento comparte la presencia de otros, como la guitarra y el acordeón.
Lucas
Braulio Areco
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Características
El tamaño del "arpa india" varía
conforme a las necesidades, aunque no se fabrican, habitualmente, las de dimensión
reducida como las que pudieran hallarse en México o Perú.
Consta de una caja sonora con cabeza o consola
sujeta o sostenida por una columna, que le da la forma triangular. La caja, de una medida
en largo de 140 a 140 centímetros, con un ancho en la base que puede llegar a los 40
centímetros o menos, se reduce en el otro extremo hasta 6 ó 7 centímetros, está
formada por tiras de madera encoladas entre sí que dan un aspecto angular vista de
atrás, cuando no se prefiere que esa parte esté constituida por una sola hoja de madera
de fino espesor. El cedro es la madera habitualmente empleada para esa sección. La parte
superior o tapa de la caja, invariablemente utiliza el pino armónico bien estacionado.
Puede hallarse también, en las zonas rurales de posibilidades más modestas, las
"tapas" de cedro, en el arpa campesina.
Las variaciones climáticas tienen mucha
incidencia, ello es sabido, sobre todo instrumento musical de madera; de allí que la
experiencia del oficia haya ido acumulando diversas prevenciones para evitar el estallido
de las cajas sonoras, despegue de la cola usada y ruptura violenta de la cabeza o consola,
accidente no raro, tanto por la fluctuación climática como por la considerable presión
del encordado. La característica curvatura de la consola, curvatura cuya acentuación
está librada al arbitrio y capacidad del constructor, tiene mucho que ver con el sonido,
ya que determina la posición de las cuerdas, y la tensión de éstas es la que
generalmente provoca su rotura, pese a que en la consola se utiliza madera dura.
En la parte que forma la base de la caja, se
halla una abertura circular que sirve de boca sonora y también para facilitar la
colocación de las cuerdas más cercanas a la columna. En la consola o cabeza, la
ubicación de las clavijas de madera puede ser en forma continuada o alternada. También
se usan clavijas de hueso y en época reciente se han incorporado las de aluminio. Una
llave de metal completa el manejo del clavijero.
Treinta y seis cuerdas forman su campo de
ejecución musical, ubicadas de menor a mayor en en escala diatónica, careciendo,
naturalmente, de pedales para la modificación del sonido.
El "arpa india" ha ganado
definitivamente un lugar en las manifestaciones musicales del folclore de América. El
melodioso sonido de su caja llega al alma; ya que el artista popular ejecute caprichos y
pasajes venezolanos, cuecas y tonadas chilenas, chacareras santiagueñas, galopas
misioneras o polcas paraguayas. |