Folclore

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Una anécdota del maestro Carrizo

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Don Juan Alfonso Carrizo, el infatigable investigador a quien se le debe la más abundante colección de cantos populares que se haya hecho en idioma español, recorría para recoger sus ejemplares poéticos, todas las regiones del país, haciendo sólo escala en Buenos Aires, de tanto en tanto, para ordenar sus materiales, ficharlos, comentarlos y preparar sus ya célebres cancioneros.

Esas andanzas las efectuaba en tren, automóvil, caballo, mula, bote y cuanto elemento de transporte hallaba a la mano, deteniéndose en los rancheríos, haciendo vida en común con las gentes del campo y del pueblo, para que éstas le dictaran las coplas y cantares que conocían.

Es así que le ocurrieron a Carrizo las más pintorescas anécdotas. Una de ellas es la siguiente. En cierta oportunidad, halló en uno de los pueblos por donde pasaba una marcada resistencia a dictarle coplas, no obstante que les ofrecía diez o veinte centavos por cada una no registrada por él.

Necesitó entonces, apelar a alguna argucia para obtenerlas y, viendo que los paisanos eran muy aficionados a los caramelos, inventó una historia. Les dijo que recorría el país mandado por un fabricante de caramelos, que necesitaba coplas para poner en el interior de éstos o en sus envolturas como era de uso en aquellos años.

La argucia le valió una de sus mejores cosechas de coplas. Nada podía estimularlos más que la esperanza de ver un día sus coplas en los caramelos.

Rafael Jijena Sánchez

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Juan Alfonso Carrizo

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Editada en Buenos Aires - Argentina