Lengua y habla |
Hablar bien, ¡claro que cuesta! ¿Qué son, en comparación de las que podrías decir, las
palabras _______________________________________________________ Claro que cuesta hablar bien, y también escribir. Y no digo nada de leer bien, porque eso ya depende de dos: de quien lee y de quien ha escrito. ¡Cuántas veces a un buen lector le resulta imposible su propósito a causa de una mala escritura, ya sea en su sintaxis, en su semántica o en su puntuación! Pero ahora, para inaugurar esta promisoria sección, en la que nos proponemos contribuir -en la medida de nuestras posibilidades- a estimular el perfeccionamiento en el uso de nuestro querido y riquísimo idioma, nos toca hablar del buen decir. Está muy claro que si dos amigos conversan entre sí, y ambos se entienden a la perfección, no tenemos nada que objetar. Tampoco pretendemos oponernos estérilmente a la evolución de la lengua, determinada por su propia dinámica. Leamos textos escritos cien o doscientos años atrás y tendremos la prueba de una feliz y constante renovación. Sin embargo, me opondré siempre a que "subir arriba" o "bajar abajo" sea correcto sólo porque la Real Academia lo haya determinado así. No ha de faltar mucho para que también sea correcto el "no pago de la deuda", o la más llamativa expresión: "luchar por la no violencia". Para ser breve, tomo este último caso y deseo señalar no sólo un error gramatical bastante claro, sino también la confusión y ambigüedad conceptual. Error gramatical: los adverbios son modificadores de los verbos (de lo contrario, ¿por qué se llaman ad-verbios?), así como los artículos y los adjetivos modifican al sustantivo. Aquí, en lugar de recurrir a un antónimo de violencia, se le antepone a esta palabra el adverbio "no" como si tal cosa. Y su uso se va haciendo tan popular, que próximamente podríamos escuchar y leer sobre el "no trabajo", dado el alarmante índice de desocupados que padecen sus días en nuestro país. Error conceptual: Si el gran objetivo de cualquier asociación o entidad es lograr la desaparición de la violencia, yo me pregunto: ¿Piensan lograrlo mediante la lucha? ¿Es que hay luchas que no contengan violencia? En todo caso, si la respuesta fuera afirmativa, pensemos en inventar otro término, porque el diccionario me dice que lucha es: "1. Pelea entre dos, en que, abrazándose uno a otro, procura cada cual dar con su contrario en tierra. || 2. Combate. || 3. Contienda, disputa." Aprender a jugar con el silencio Ahora bien: si una persona habla para que muchos la escuchen, sus expresiones deberían intentar ser inequívocas. Si todos no interpretan lo mismo, el que habla no manejó los códigos apropiados, que no han de estar sólo en relación con la estructura lingüística, sino también con las características propias del auditorio. Y ya que hablamos de códigos, hay unas reglas gramaticales, unos signos de puntuación (convertibles al lenguaje hablado), y un significado para cada palabra dentro de su propio contexto. También existe una estética, una habilidad y una belleza en la dicción, que además de suscitar la atención y el gusto por escuchar, garantizan la real comunicación. Pero la regla número uno, la que no puede faltar, es, para quien habla, "tener algo para decir", "saber lo que se quiere decir". Luego podrá avanzar en el arte de hacerlo bien. Si no sabe Ud. bien lo que quiere decir, me encantará, me fascinará oír sus silencios. Habitualmente tengo el disgusto de escuchar durante interminables minutos el siguiente monólogo: - ¡Ahhh! ¡Mi sobrina! Escuchame. Esteeee... ¿cómo se llama?, te digo, porque mirá... esta piba es... o sea... yo le digo... esteeee... ¿cómo es que se llama? ...y me dice... bueno... ponele que estemos las dos... ¿me entendés? Y yo me quedo en silencio, reprimiendo forzosamente mis impulsos de gritarle: - ¡No! ¡No y no! No entiendo absolutamente nada, porque hace tres minutos que soy testigo de un extraño modo de ocupar el tiempo pronunciando palabras impregnadas de un colosal vacío de contenidos. ¿Cómo voy a entender lo que dijiste, si nada dijiste? Para una inmensa mayoría no hay peor situación que tener la palabra y no saber "jugar" con los silencios. Entonces los llenan de frases vacías, inútiles y ficticios salvavidas -viejas y nuevas muletillas- que pueden lograr la exasperación crónica del oyente. _______________________________________________________ |