Lengua y habla

Índice de esta sección

Portada
Página anterior Página siguiente

Las notas discordantes

© Carlos Alberto Estévez

¿Qué son, en comparación de las que podrías decir, las palabras
que hayas robado y que pudrirán tu lenguaje?
Antoine de Saint-Exupéry

_______________________________________________________

Un importante ejecutivo expone sus planes y proyectos ante pares y subordinados una vez por semana. El cronómetro, implacable, indica que este caballero, además de otros "tics", pronuncia la palabra "digamos" con una frecuencia promedio de 15 segundos. Ud. padecerá, sin duda, casos similares que afectan a comentaristas o entrevistados, en la radio o en la televisión.

Existe una notable similitud entre la audición de una música cualquiera y la de una exposición oratoria. También la expresión oral, como la escrita, tiene un tono, un ritmo y una melodía; y la conjunción de estos tres componentes puede resultar placentera o desagradable.

La muletilla, recurso para evitar silencios, darse tiempo con el fin de ordenar las ideas, o simplemente una rutina inconsciente y muy arraigada, se oye como si una nota discordante sonara cada tres compases durante la ejecución de un concierto.

No queremos ser demasiado rigurosos con nuestro ejecutivo, pero admitamos que molesta al oído, que distrae, que su discurso pierde fuerza y efectividad, y mucho más si ese espasmódico "digamos" está acompañado por algunas señales de nerviosismo, como ocurre casi siempre.

Todos le pediríamos que cambie ese "ritornello" por un relajante y bien venido silencio de negra, blanca o redonda. ¿Para qué decir "digamos", si ya está diciéndonos lo que quiere decir? Y si no está diciéndolo, ¡¡que lo diga!!

Sin contenido ni belleza

En síntesis, aquí no señalamos un error sintáctico o gramatical, sino una inclusión reiterada de palabras que no aportan contenido ni embellecen o aumentan la claridad del discurso.

Primas hermanas de este "digamos" espasmódico son las muletillas "pero bueno", la vieja "esteee...", "de alguna manera", "¿entendés?", y muchas otras expresiones nacidas al calor de una pobreza de vocabulario, de la improvisación errática, o de un probable contagio masivo, una especie de epidemia del mal decir, por lo que deberíamos estar prevenidos.

_______________________________________________________

Ir al tope de la página
 

 

Recuerde que para reproducir nuestros textos debe obtener autorización expresa
Portal en español de turismo de aventura, deportes y ecoturismo en Iberoamérica

Ir a la portada de la revista © El Tercer Tiempo - Todos los derechos reservados  Comuníquese con nosotros para lo que necesite
Editada en Buenos Aires - Argentina