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¿Qué pensaría o sentiría Ud. si asistiera a una
reunión, en alguna institución a la que pertenece, y escuchara de la persona que oficia
de maestro de ceremonias algo así:
abrir comillas En el transcurso de este
acto coma vamos a tener el gusto de escuchar la palabra de un ilustre visitante punto
No es la primera vez que disfrutamos coma dicho sea de paso coma de la
presencia del señor Juan Pérez coma que nos honra acompañándonos cada vez que
nos reunimos punto y coma siempre está dispuesto a ilustrarnos con su abrir
comillas profundo conocimiento y experiencia cerrar comillas punto.
Me atrevo a pensar que lo primero sería la
tentación casi irresistible de correr a explicarle a quien estuviera hablando que los
signos de puntuación se escriben en el papel pero no se leen. Sólo debe percibirse el
efecto que ellos señalan.
Le diría que, en el discurso hablado, las
herramientas para provocar el efecto que sugieren los signos de la escritura son la
entonación, las inflexiones de la voz, las variaciones de energía en la pronunciación,
la cadencia, el ritmo, el volumen y, si hacen falta, los gestos.
Naturalmente, supongo que estamos de acuerdo, ¿o
no? ¿Acaso si Ud. necesitara averiguar en qué esquina debe esperar tal o cual colectivo,
le hablaría así a un transeúnte?:
- Disculpe coma señor dos puntos
podría indicarme dónde puedo tomar el colectivo tal o cual entre signos de
pregunta.
Su interlocutor se quedaría bastante sorprendido;
más bien, estupefacto. Pero Ud. no cometerá semejante torpeza. Utilizará su entonación
para que, tanto la coma, o los dos puntos, como los signos de pregunta, se perciban sin
que se los nombre.
De todas maneras, cada minuto de cada día, ya sea
escuchando la radio, mirando algún programa de televisión, hablando con amigos o
asistiendo a una exposición, se sorprenderá al observar la impunidad con que la gente se
priva de la excelente ocasión de demostrar su capacidad expresiva y se conforma con
repetir hasta el hartazgo la pobre y famosa entre comillas.
Por ejemplo: "Evidentemente, el ministro tal es
un funcionario sumamente inteligente entre comillas". O bien: "Los
mandatarios cumplen entre comillas las promesas preelectorales".
Por favor: No diga entre comillas.
Sencillamente, trate de que su entonación transmita el sentido que Ud. quiera darle a las
palabras que está utilizando. Y si cree que no podrá lograrlo, nuestro idioma le brinda
la más amplia variedad de vocabulario, para que elija otra combinación más apropiada.
Los signos de la escritura pueden compararse con las
indicaciones de tránsito que guían nuestro camino y procuran la seguridad en una ruta.
Además, nos ayudan a llegar a destino, que no es otra cosa que interpretar fielmente el
concepto que se nos ha querido transmitir. El lenguaje hablado, en cambio, pide un poco
más de riqueza expresiva para que no caigamos en esa triste muletilla de encomillarlo
todo. Y punto final.
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