Lengua y habla

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Y bueno, nada, todo bien, o sea...

© Carlos Alberto Estévez

¿Qué son, en comparación de las que podrías decir, las palabras
que hayas robado y que pudrirán tu lenguaje?
Antoine de Saint-Exupéry

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Lo que Ud. acaba de leer en el título es la respuesta que un funcionario alcanzó a improvisar cuando el periodista le pidió su evaluación sobre las alternativas de un conflicto cuya solución estaba definitivamente a su cargo.

Para peor, la entrevista se había gestionado porque no había el menor indicio de que el desacuerdo estuviera superado. Todo lo contrario.

Y cuando el entrevistador quiso saber más o, mejor dicho, saber algo, arrancarle algún concepto clave, siquiera un mínimo dato informativo, o por lo menos una opinión o percepción seria, apenas obtuvo un sólido "esteee...", tras lo cual sobrevino un rotundo "es como que... todo está bien... y bueno... o sea... nada; ¿qué quiere que le diga?".

Obviamente, nada de información; nada de ideas; nada de conceptos; ¡nada de nada!

Yo creo que no hay nada más decepcionante que terminar el análisis de un discurso, ya sea hablado o escrito, con la conclusión de que, voluntaria o involuntariamente, se está frente a semejante alarde de mediocridad conceptual y expresiva.

El funcionario pudo haber callado lo que no quería decir; pudo haber dicho su verdad; pudo haber "maquillado" políticamente sus respuestas; pudo haber rechazado la entrevista; pudo recurrir al famoso "no comment" que utilizan asiduamente los políticos de habla inglesa. Pero, lamentablemente, prefirió hacerle perder tiempo al entrevistador y al auditorio y demostrar su preparación nula para organizar conceptos coherentes, creíbles o no, pero que de un modo u otro dieran a conocer su posición en la materia de que se trataba, sin dibujar con deplorable inhabilidad la ausencia de toda respuesta.

Tengámoslo en cuenta, porque estas expresiones se copian casi inconscientemente al escucharlas una y otra vez, no sólo a políticos, sino también a modelos, artistas, y a cualquiera que habla públicamente. Es como una pandemia que no respeta profesión alguna y se va incorporando en el discurso cotidiano, inclusive en la escuela.

Así, terminan construyéndose y se internalizan verdaderas "cadenas de muletillas" con las que se arman frases tan vacías de contenido que da pena. Siempre el silencio será mejor que eso.

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Editada en Buenos Aires - Argentina