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Lo que Ud. acaba de leer
en el título es la respuesta que un funcionario alcanzó a improvisar cuando el
periodista le pidió su evaluación sobre las alternativas de un conflicto cuya solución
estaba definitivamente a su cargo.
Para peor, la entrevista
se había gestionado porque no había el menor indicio de que el desacuerdo estuviera
superado. Todo lo contrario.
Y cuando el
entrevistador quiso saber más o, mejor dicho, saber algo, arrancarle algún concepto
clave, siquiera un mínimo dato informativo, o por lo menos una opinión o percepción
seria, apenas obtuvo un sólido "esteee...", tras lo cual sobrevino un rotundo
"es como que... todo está bien... y bueno... o sea... nada; ¿qué quiere que le
diga?".
Obviamente, nada de
información; nada de ideas; nada de conceptos; ¡nada de nada!
Yo creo que no hay nada
más decepcionante que terminar el análisis de un discurso, ya sea hablado o escrito, con
la conclusión de que, voluntaria o involuntariamente, se está frente a semejante alarde
de mediocridad conceptual y expresiva.
El funcionario pudo
haber callado lo que no quería decir; pudo haber dicho su verdad; pudo haber
"maquillado" políticamente sus respuestas; pudo haber rechazado la entrevista;
pudo recurrir al famoso "no comment" que utilizan asiduamente los políticos de
habla inglesa. Pero, lamentablemente, prefirió hacerle perder tiempo al entrevistador y
al auditorio y demostrar su preparación nula para organizar conceptos coherentes,
creíbles o no, pero que de un modo u otro dieran a conocer su posición en la materia de
que se trataba, sin dibujar con deplorable inhabilidad la ausencia de toda respuesta.
Tengámoslo en cuenta,
porque estas expresiones se copian casi inconscientemente al escucharlas una y otra vez,
no sólo a políticos, sino también a modelos, artistas, y a cualquiera que habla
públicamente. Es como una pandemia que no respeta profesión alguna y se va incorporando
en el discurso cotidiano, inclusive en la escuela.
Así, terminan
construyéndose y se internalizan verdaderas "cadenas de muletillas" con las que
se arman frases tan vacías de contenido que da pena. Siempre el silencio será mejor que
eso.
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