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Preste un poquito de atención y
lo escuchará a cada rato.
Un interlocutor está
explicándole una dificultad cualquiera y, fatalmente, llegará a pronunciar esa frase. U
otra parecida: "es como que no puedo"; "es como que te asusta", etc.
etc.
No cabe duda. La expresión se
puso de moda. La escuchamos tantas veces que finalmente nos parece inevitable, única, y
la copiamos, sin detenernos a pensar si es correcta, o si no hay otro modo más original
de decir lo que estamos queriendo comunicar.
En primer lugar, es errónea
gramaticalmente. Debería ser: "Es como si me diera miedo"; "es como si no
pudiera"; "es como si me asustara". Porque ese "como" es un
comparativo que exige la conjunción "si".
Pero, en realidad, lo que se
supone que se quiere decir es: "Me da miedo"; "no puedo"; "me
asusta".
Entonces, si tenemos miedo, si
no podemos, si nos asusta, ¿por qué no eliminamos ese "como que" y hablamos
más claro, sencillo y directo?
Ahora bien, si, efectivamente,
lo que quisiéramos hacer fuera una comparación, entonces estaría bien utilizar el
"es como", pero agregándole el condicional "si".
Ejemplos: "Actúa como si
estuviera dormido"; "responde como si estuviera enojado"; "trabaja
como si no tuviera otra cosa que hacer".
Al tiempo que deberíamos tratar
de conocer más las reglas gramaticales, es todavía más interesante buscar
permanentemente nuestro original y auténtico estilo en el lenguaje. Al respecto, me
encanta el pensamiento de Antoine de
Saint-Exupéry: "Para conmoverme es preciso anudarme con los lazos de tu
lenguaje; porque el estilo es operación divina. Me impones entonces tu estructura y los
movimientos mismos de tu vida, los cuales no tienen igual en el mundo".
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