Lengua y habla

Índice de esta sección

Portada
Página anterior Página siguiente

La "palabra chica" no sólo me daña el oído

© Carlos Alberto Estévez

¿Qué son, en comparación de las que podrías decir, las palabras
que hayas robado y que pudrirán tu lenguaje?
Antoine de Saint-Exupéry

_______________________________________________________

Recuerdo el día que escuché por primera vez hablar de la "letra chica". Estaba tramitando mi primer crédito bancario y mi padre me aconsejaba: "Antes de firmar los formularios, no dejes de leer la letra chica".

Yo no le respondí, pero lo escuché, y me quedé pensando; y cuando tuve frente a mí los papeles, recordé la sugerencia. Aun con la vista perfecta, era casi imposible una lectura normal de aquel fárrago de textos interminables, fácilmente identificables como "la letra chica". Y más tarde, ya con la vista cansada, comprendí. En la "letra chica" estaba escrito lo que se suponía que no me iba a gustar, o que estaría en contra de mis intereses.

Con el tiempo, se hizo costumbre eso de leer la "letra chica". En las pólizas, de seguros; en los contratos; en las solicitudes de préstamos; en las promociones de tarjetas de crédito... ¿dónde sería posible que todo estuviera dicho claramente? ¿Por qué lo que me gustaba era legible y esos textos dificultosos, que me incitaban a pasarlos por alto, contenían, precisamente, las condiciones más indeseables?

En cierto sentido, podría considerarse como una deslealtad, al menos comercial, ponerlo a uno en el riesgo de recibir, transcurrido el tiempo, la pregunta sarcástica: ¿Es que Ud. no leyó lo que oportunamente firmó? ¡Fíjese en la cláusula séptima de las condiciones del servicio!

¡Y claro! ¿Dónde estaría la cláusula séptima? Ya con anteojos de lectura de cuatro dioptrías, esa cláusula séptima podía traerme con gran facilidad y pena el recuerdo de mi padre diciéndome: "Antes de firmar los formularios, no dejes de leer la letra chica".

Vieja estratagema inventada probablemente por algún creativo de marketing. Recurso que sin duda habrá ayudado a multiplicar innumerablemente las firmas de ciudadanos tan bien intencionados como inocentemente desprevenidos.

Pero, aun así, jamás podría haberme imaginado que alguna vez iba a escuchar lo que llamo "la palabra chica". ¿Es que Ud. no ha tenido el desagrado de oír por radio algunas pautas publicitarias que suenan melodiosamente casi como un regalo, una dádiva, una oportunidad imperdible, hasta que, sobre el final, cuando parece insensato no correr a comprar, los oídos se sienten lastimados por la pronunciación aceleradísima de un par de frases fugaces cuyo sentido no puede siquiera captarse levemente?

Sí, créase o no, la "letra chica" se ha convertido también en la "palabra chica" de los avisos audibles que, tras entusiasmarnos con algo llamativamente conveniente, deseable, apetecible, nos advierten oscura y ultravelozmente: "Consulte bases y condiciones en...." (lo que falta de esta frase no pude alcanzar a entenderlo). Hay otras "palabras chicas" con advertencias diferentes, pero que no puedo reproducir, simplemente porque no logro seguir, con mis oídos, el frenético ritmo de esa aceleración electrónica de la palabra..

Con la mejor buena voluntad, y sin querer pecar de crítico, al referirnos a estos recursos podríamos concluir así: son contraproducentes y de mal gusto, ¿no?

_______________________________________________________


Ir al tope de la página
 

 

Recuerde que para reproducir nuestros textos debe obtener autorización expresa
Portal en español de turismo de aventura, deportes y ecoturismo en Iberoamérica

Ir a la portada de la revista © El Tercer Tiempo - Todos los derechos reservados  Comuníquese con nosotros para lo que necesite
Editada en Buenos Aires - Argentina