Recuerdos y confesiones,
para que te animes
Cuando tenía diez años ya amaba escribir. Pero, cuando
intentaba una carta, jamás podía pasar de la quinta línea; y lo peor era que me daban
ganas de romper la hoja y hasta el lápiz, de lo mal que estaban.
Hasta que descubrí que, sólo cuando volcás en el papel
pedacitos de tu propia vida, es posible que valga la pena que te lean. Y todo eso que a
vos puede parecerte poco o nada en el momento de imaginar un escrito, es justamente lo que
vale.
Cada carta, cada página, es un ejercicio que te ayuda a
vencer la timidez, a abrir tu corazón al mundo de la expresión escrita, que no es otra
cosa que transmitir vida en porciones sintácticas (ver "Hay un firmamento invisible,
con estrellas que sólo reflejan tu luz").
Yo también abrigaba desde chico el sueño de escribir. Y
también cometí el error de pensar que no sería capaz. Es como si uno mismo inventara
fantasmas que se comen nuestras propias posibilidades. Pero un día borré esa frase de mi
mente. La desterré para siempre del diccionario de mis sueños.
¿Y qué pasó? Que me di cuenta de que yo era mi peor
enemigo. ¡Mi único enemigo! Hoy, tal vez esté jugando una especie de revancha por
aquellos años en que lloraba sobre el papel sin poder hilvanar una frase más.
© Carlos
Alberto Estévez |
Supongo que todos los maestros estarán de acuerdo en que no es fácil
enseñar a escribir. ¡No es tan fácil escribir! ¡Y no es tan fácil enseñar!
No por nada hace siglos
que la pedagogía se discute y se renueva, y jamás deberíamos dejar de hacerlo.
Esta hermosa, satisfactoria y dificultosa tarea implica varias etapas, que pueden y
deberían ser simultáneas:
1) Sobre qué escribir
Nadie puede escribir
sobre lo que no ha querido, sentido, investigado. Las peores dificultades al escribir no
se presentan por las carencias idiomáticas o gramaticales. Pongamos esto en segundo lugar
de importancia, sin dejar de creer que tiene mucha.
La angustia sobreviene
de antemano, cuando alguien quiere (o debe) escribir y no sabe qué es lo que QUIERE
decir. Por eso, el primer paso es ayudarnos a encontrar el argumento de lo que,
finalmente, será una COMUNICACIÓN (ver "Las cinco preguntas que nunca me hicieron").
Pocas veces mis alumnos
me han dicho "no sé cómo decirlo". La mayoría de los "inexpresivos"
sollozaba: "¡No se me ocurre nada!".
Si nuestro propósito es
comunicarnos, publicar, escribir, es imprescindible saber elegir la idea o el tema,
conocerlos cuanto sea posible, y QUERERLOS. Esto justifica que comencemos liberando
inicialmente a los chicos de toda otra dificultad, para fomentar la práctica, por
ejemplo, del género epistolar.
Puede resultar menos
tedioso. Casi todos los chicos quieren escribir cartas. Y todo lo que escriben es hermoso,
aunque no respete normas gramaticales. Y es más hermoso todavía porque están
"soltando la pluma", que es como echar a volar la imaginación y el pensamiento.
Todavía sigo recibiendo
cartas de chicos que tenían nueve o diez años cuando yo les ayudé a soltar su pluma.
Hoy tienen veintidós o veinticuatro, y hasta pasan los treinta, y aún no han terminado
de decirme todo lo que piensan (ver "Silencio", de Mario Martín Mottironi).
Esto nos ayuda,
también, a no olvidar que siempre escribimos "para otro". Todo mensaje tiene un
emisor y un receptor que no puede ser ignorado cuando elegimos "sobre qué
escribir".
2) Cómo escribir
Definitivamente, nadie
escribe si no es para COMUNICARSE. Y como el lenguaje es un código, cuanto mejor se
maneje, más correctamente llegará el mensaje. Por lo tanto, en el "cómo
escribir" se encierran dos objetivos:
a) La corrección
sintáctica y gramatical, unida a la riqueza en el uso de términos, amalgama que le
otorga a la escritura la claridad de lo inequívoco.
b) El perfeccionamiento
del estilo, que hace la lectura interesante, fluida, agradable, deseable (ver "El lenguaje", de
Saint-Exupéry).
3) Para qué y para quién escribir
Y hablando de estilos,
hay uno para cada objetivo. ¿Cuál es nuestro propósito?
Publicamos algo que
hemos escrito porque esperamos provocar un efecto o una reacción determinada en quien lo
lea. ¿Queremos informar, motivar, conmover, deleitar, o simplemente acompañar?
Éstos y miles de
propósitos más pueden hacer que una misma persona use estilos diferentes. Pero primero
deberá saber para qué escribe y para quién lo hace.
Y si bien el resultado
final será el espejo que muestre el genio del autor, se pueden cultivar algunas técnicas
que sirven para distinguir, entre otros géneros, la exposición, el relato, la
descripción, el análisis, el comentario o la opinión.
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