Recuerdo haber estado,
siendo pequeño, en algún recital, y escuchar al público, mientras aplaudía la última
interpretación, oírlo gritar: "bis, bis, bis".
Mi padre o mi madre
respondieron enseguida a mi inquietud: me lo explicaron razonablemente bien pero también
me invitaron a visitar el diccionario.
Desde entonces, para
mí, repetir es volver a hacer lo que se había hecho, tal cual lo explica clarísimamente
bien la Real Academia Española. Por eso me hiere tanto el oído cuando oigo decir
"vuelvo a repetir".
¡Pues claro! Si has de
repetir, ¿cómo no has de volver sobre lo que habías hecho o sobre lo que habías dicho?
Por lo tanto, no me
caben dudas de que cuando se repite, se vuelve. No hace falta caer en esta reiteración
innecesaria. Si decimos, simplemente, "repito", nadie puede dudar de que dirás
algo ya dicho. Todos sabemos que estás volviendo.
Evitar la reiteración
de conceptos es tan importante --o más-- que evitar la reiteración de palabras.
Como conclusión,
repito: las palabras robadas pudrirán tu lenguaje. Así lo dijo por primera vez Antoine
de Saint-Exupéry.
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