Cualquiera habrá oído
mencionar aquel refrán que dice "donde fueres, haz lo que vieres". Pero es de
esperar que los maestros nos ayuden a escarbar profundamente en los contenidos de frases y refranes, para encontrar los
auténticos y valiosos significados de cada uno y darnos cuenta de que imitar al otro en
lo que hace o en lo que dice no siempre es aconsejable.
En el trabajoso proceso
de construir nuestro propio estilo de expresión, tanto escrita como hablada, ya se ha
visto que copiar es deplorable. Vale mucho el esfuerzo de crear nuestros propios recursos,
tarea que la riqueza del idioma nos facilita enormemente.
En la actualidad, en
cualquier momento y lugar, un profesor, un comentarista, un periodista, un funcionario, un
experto, un amigo, cualquier persona que debe responder una pregunta o consulta necesita,
lógicamente, tres o cuatro segundos para ordenar sus ideas. Entonces, con el involuntario
propósito de tapar ese supuesto "bache", pronuncia sólo dos palabras, que se
han de oír hasta el hartazgo: "A ver...".
La expresión significa,
obviamente, algo así como "déjame pensar cómo te lo explico", o "espera
que necesito un momento para poner mi respuesta en palabras que tú entiendas".
Quizás lo mejor sería
un preciado silencio, que atraería mucho más la atención del que espera la información
o el conocimiento que ha requerido. Pero el silencio, tan enriquecedor en la música como
en el diálogo, a veces es temido.
Sostengo que no se está
señalando error gramatical o sintáctico alguno, sino que se apunta a despertar el gusto
por la originalidad, el placer de la propia identidad al hablar, el rechazo a incorporar
hábitos y formas de expresarse tan pegajosos que provocan una inclinación casi
irreversible a sumarse al séquito de repetidores.
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