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Hierba sagrada en las altas cumbres

© Verónica Podestá

Transportémonos con la imaginación, empujados por los vientos andinos, a zonas montañosas habitadas por hombres valientes y mujeres abnegadas. Veamos qué sucedió allí hace mucho, mucho tiempo

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Ella recordaba a su marido, el cacique Loncopán, fuerte y valiente como siempre había sido, con su chamal a modo de chiripá sujeto a la cintura con una faja de colores.

Lo recordaba envuelto en el inmenso poncho de variados dibujos tocando el suelo junto a las sandalias de cuero. Pero no podía borrar la terrible imagen con que la había despedido en su lecho de enfermo.

Por eso estaba allí, en la montaña buscando al Aguilucho Blanco para pedirle por su marido. Debía llegar a lo más alto de los picos a riesgo de no llegar a tiempo a la curación de Loncopán. El viento le decía: "Pilmaiquén, no llegarás... Pilmaiquén...". Y la endeble figura atravesaba sin sentir sus pies, ni el rostro, a causa de las ráfagas heladas.

Cuando ya no sabía si hacía horas o días que atravesaba las laderas, percibió una extraña presencia: era el Aguilucho de inmensas alas blancas, rey de esas regiones, que la observaba inmóvil, como si el viento no la tocara.

Arrodillada ante él, pidió por la salud de su esposo y ofreció a cambio su propia vida. El Señor de la montaña no despegaba de la mujer sus ojos de nieve. En eso ella notó a sus pies una hierba desconocida, suave, que inmediatamente recogió sabiendo que se trataba de la cura adecuada.

La aldea la recibió admirada por la valentía y el amor demostrados. Pilmaiquén se acercó desfalleciente al lecho del cacique y puso sobre su pecho frío las hierbas sagradas. Ante la sorpresa de todos, el enfermo comenzó a recuperarse.

Llena de inmensa felicidad, ella se apoyó a su lado para morir lentamente, tal cual lo había pactado en las altas cumbres.

La tribu la recordó siempre y aún hoy, cada vez que alguien nombra la ñanculahuen, su imagen serena parece dibujarse en los ojos de todos.

La ñanculahuen es una hierba de hermosas flores amarillas habitualmente empleada en la medicina casera. La palabra, de origen araucano, significa remedio del aguilucho (de ñancú, aguilucho; lahuén, remedio).

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Editada en Buenos Aires - Argentina