Leyendas

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El atajacaminos

Intrépido habitante del crepúsculo

© Verónica Podestá

Podemos verlo durante el crepúsculo y al anochecer. Tiene alas grandes y largas, cola negra y terminada en una punta blanca. Vuela a ras del suelo y es sumamente intrépido. Aparece, de pronto, entre las patas del caballo, hace un poco de alboroto y luego se adelanta. Él también tiene su leyenda

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Cuenta esta leyenda triste que un vez al pueblo llegó un viajero, joven y buen mozo. Anahí, la hija de unos modestos campesinos del lugar, se quedó completamente enamorada del muchacho.

Era Primavera y todo parecía estar más bello. La pequeña soñaba con casarse y tener una vida tranquila con su enamorado.

Pero un día, nadie supo por qué, el joven recién llegado preparó sus cosas y partió sin saludar siquiera a Anahí. Desde entonces Anahí no volvió a sonreír y lo buscó desesperada por poblados cercanos sin dar con él.

El tiempo pasó y la niña no volvió a su casa; se había transformado en un pequeño pajarito que buscaba en cada camino a su amado.

El pajarito al que hacemos referencia en la leyenda es el atajacaminos, y habita en el norte argentino. Se lo puede ver durante el crepúsculo y al anochecer. Tiene alas grandes y largas, cola negra y terminada en una punta blanca. Vuela a ras del suelo y es sumamente intrépido: aparece de pronto entre las patas del caballo, hace un poco de alboroto y luego se adelanta.

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Editada en Buenos Aires - Argentina