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Los cabellos de Pirí, negros como la noche, se reflejaban en el
río todas las tardes, cuando la hermosísima muchacha iba a ordenar sus trenzas.
La brisa cantaba una melodía al compás de la cual se ondulaba
el agua. Y en medio de tanta paz y de tanta belleza, apareció Ivopé trayendo un regalo
para Pirí.
-Ve Pirí; las he traído para ti del medio de la selva-, y le
extendió una flor. Ella, como si nadie estuviera a su lado, continuó admirándose en el
río. Avergonzado, Ivopé se retiró.
Instantes más tarde llegó Mbusú, con un obsequio. Se repitió
la escena anterior, pero esta vez Pirí arrojó al río el presente.
Mientras tanto, Tupá, que observaba todo, decidió hacer algo
para transformar a Pirí en un ser de buenos sentimientos, útil a sus semejantes.
Al día siguiente, Pirí se encontraba viéndose reflejada en las
aguas del río, cuando se le apareció Yará, el dueño de las aguas, que le habló así:
- Pirí, todo hombre debe hacer bien sobre la Tierra. Tú has
pasado los días lastimando jóvenes enamorados de ti. Debiste comportarte de otro modo.
Por no haberlo hecho, te convertiré en una planta, tan fina, tan alta, tan esbelta como
tú, que se moverá con gracia y soltura por la brisa. Tendrá tu mismo nombre: Pirí.
Tomándola de la mano, Yará la llevó a las profundidades del
río, de donde surgió una planta que las aguas levantaron hasta la superficie.
Desde entonces Pirí crece en las orillas de los ríos, tan
espigada y esbelta como siempre, ofreciendo a los hombres la posibilidad de transformarla
en algo útil.
Si estás preguntándote qué es lo útil que se puede hacer a
partir del junco, te informamos que con el tallo de esta planta se hacen ataduras, cestos
tejidos, cortinas, asientos y muchas cosas más.
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