Leyendas

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Cuando las aves
perdieron el habla
© Verónica Podestá

El pobre Ku, según lo llamaban todos, era un pajarito de la selva que llegó tarde a la ceremonia cuando, hace muchos años, Dios creó a las aves y les dio el plumaje, la voz y el canto

- ¿Qué haremos con el pobre Ku? -preguntaron los pájaros a la lechuza, que siempre sabe todo.

-Propongo -dijo solemnemente y frunciendo el ceño- que cada uno le obsequie a Ku una de sus mejores plumitas; así se sentirá más reconfortado y feliz.

El pobre Ku, según lo llamaban todos, era un pajarito de la selva que llegó tarde a la ceremonia cuando, hace muchos años, Dios creó a las aves y les dio el plumaje, la voz y el canto.

Dios había utilizado todos los dones para entonces y tuvo que dejarlo así, feúcho, sin cualidad especial alguna.

Los pájaros del bosque sufrían por él y esta vez decidieron ayudarlo. Se le acercaron lentamente, apoyando uno por uno, la mejor plumita en su lomo. Al verse tan colorido, Ku se puso eufórico de alegría y empezó a cantar como el más virtuoso de los pájaros.

Pero, con el pasar de los días, Ku cambió. Se volvió tan pero tan engreído que olvidó la amistad de sus hermanos: los empujaba fuera de su nido cuando venían a saludarlo, rezongaba por cualquier cosa, robaba la camida ajena y cometía otras tantas faltas.

Las aves protestaban malhumoradas y sus quejas fueron tan insistentes que llegaron a oídos de Dios, quien, un poco enojado, les prohibió hablar.

Desde aquella vez, según cuenta esta leyenda, las aves no hablan entre sí y persiguen a la lechuza por la idea que tanto problema trajo. Ella sale de su escondite por la noche, cuando los demás duermen, y el pájaro Ku huye de los demás, pues aún está en penitencia.


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Editada en Buenos Aires - Argentina