Leyendas

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La flor del ceibo

Una historia de amor filial
© Verónica Podestá

 

 

El 22 de noviembre de cada año se festeja en la República Argentina el Día de la Flor Nacional, que es, por su belleza, la flor del ceibo. Una leyenda de amor filial narra mágicamente su origen y cuenta que...

... allá por los tiempos de la conquista habitaba a orillas del Paraná una tribu guaraní. Su cacique, respetado y venerado por todos los indios, tenía una hija cuya belleza cautivaba a quien la contemplara. Anahí era su nombre, que en guaraní significa "la de dulce voz". Entonaba nostálgicas y misteriosas canciones, sembrando armonía a su alrededor.

Cierto día, la paz de aquellas mansas tierras se vio quebrada por la invasión de los hombres blancos. En la lucha, el gran cacique resultó muerto por un capitán español.

Anahí, enceguecida por el dolor, juró vengar la muerte de su padre. Y una noche sin luna se acercó al campamento enemigo y dio muerte al capitán. Los soldados la tomaron prisionera y la condenaron a morir en la hoguera.

No hubo gritos en la boca de Anahí, sino una melancólica canción de despedida.

Cuando de aquella cruenta hoguera sólo quedaban cenizas, los soldados azorados no podían creer lo que sus ojos veían: en el mismo lugar del sacrificio se erguía un tronco milagroso extendiendo sus brazos desbordantes de flores rojas como la sangre.

Desde entonces, la flor del ceibo adorna y bendice las agrestes riberas y el río acuna el recuerdo, hecho leyenda, de la frágil indiecita.

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Editada en Buenos Aires - Argentina