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Francia, entre 1600 y 1650

El nacimiento de la Academia Francesa

El cardenal Richelieu protegió la literatura y él mismo aspiró a convertirse en una figura literaria. Fundó la Academia Francesa en 1634, la cual ha gobernado la lengua y la literatura del país desde entonces. Pierre Corneille (1606-1684) escribió grandes dramas y fue el creador de la tragedia francesa clásica. Los franceses se adhirieron tan íntimamente a los modelos griego y romano, que siempre han sentido poco aprecio por Shakespeare, cuyas obras trascendían las rígidas reglas establecidas por los griegos.


Armand-Jean du Plessis, duque de Richelieu, nombrado cardenal en 1622

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El 14 de mayo de 1610, Enrique IV fue asesinado por un fraile exclaustrado, perturbado mental: François Ravaillac (1578-1610). A Enrique le sucedió su hijo de nueve años, que reinó como Luis XIII (1601-1643).

La regencia la desempeñó su madre, María de Médicis (1573-1642), pariente lejana de Catalina de Médicis. Luis XIII fue un individuo débil y depresivo, de pertinaz mala salud. Aun así, era capaz de encabezar un ejército cuando debía hacerlo, y mostró bastante talento como para escapar al control de su madre y escoger a un hombre brillante para hacer de él su principal consejero y apoyarse en él.

El consejero, que al principio había sido un protegido de María de Médicis, fue Armand-Jean du Plessis, duque de Richelieu, nombrado cardenal en 1622. El designio de Richelieu consistía en destruir las fuerzas internas de Francia que le disputaban el poder al rey: por un lado la gran nobleza, y por otro las ciudades hugonotas armadas, que subsistían desde las guerras de religión.

Fuera de Francia, su propósito era debilitar a los Habsburgo situados en las fronteras opuestas de Francia: en Austria y en España. Para lograrlo, aun siendo católico y cardenal, estaba más que dispuesto a establecer alianzas con las potencias protestantes que lucharan contra los Habsburgo, prestándoles además ayuda financiera. Bajo su dirección, Francia alentó la efervescencia de la guerra de los treinta años, y actuó con tanto éxito que la causa de los Habsburgo quedó arruinada, y Francia emergió como la primera potencia de Europa, si bien con un coste terrible para el pueblo alemán. En el interior de Francia, los paulatinos intentos de Richelieu de domeñar a la nobleza encendieron una vivísima oposición contra él, que se sustanció en una sucesión de conspiraciones.

Esta situación alcanzó su apogeo en 1630. Richelieu había llevado la guerra contra La Rochelle (La Rochela), una ciudad de la costa occidental de Francia, hugonota y casi independiente. La intención de Richelieu no era destruir a los hugonotes, sino tan sólo privarlos de capacidad bélica. Pese a la ayuda inglesa y a una resistencia encarnizada por parte de los hugonotes, La Rochelle fue tomada por los franceses en 1628, y sus habitantes se vieron reducidos a formar parte de una secta tolerada, en lugar de constituir un estado dentro del Estado.

A pesar de que Richelieu combatía con éxito a los hugonotes, la nobleza era capaz de hacer valer la influencia de la Iglesia en contra del cardenal, porque éste luchaba contra la católica España aún con más fervor que contra La Rochelle protestante, y porque se dedicaba a prestar ayuda financiera a Gustavo Adolfo contra la también católica Austria.

Por un momento, pareció que los nobles habían convencido a Luis XIII (quien por su parte sufrió una crisis de conciencia por apoyar a Gustavo Adolfo) para que relevara a Richelieu de su cargo. Los conspiradores, con María de Médicis a la cabeza, estaban plenamente convencidos de la caída de Richelieu, y ya cantaban victoria muy alegres, cuando Luis XIII se percató, a pesar suyo, de que Richelieu lo estaba fortaleciendo, en tanto que la nobleza lo debilitaría.

El 11 de noviembre de 1630 decidió apoyar a su ministro, y los conspiradores comprendieron de inmediato e inesperadamente que habían perdido. Este incidente se conoció como "el día de los inocentes".

Richelieu, por otra parte, protegió la literatura y él mismo aspiró a convertirse en una figura literaria. Fundó la Academia Francesa en 1634, la cual ha gobernado la lengua y la literatura del país desde entonces.

Pero Richelieu no vivió para ser testigo del final de la guerra de los treinta años. Murió el 4 de diciembre de 1642. Luis XIII, como si no osara sobrevivir largo tiempo a su consejero, del que dependía absolutamente, falleció el 14 de mayo de 1643.

Mientras tanto, el ejército francés había sido reorganizado y revitalizado. Inmediatamente antes de su muerte, Richelieu nombró a Louis d'Enghien (16211686) para mandar las fuerzas desplegadas en la frontera de los Países Bajos españoles. Sólo contaba 21 años, pero su designación constituyó un acierto.

Los españoles se dispusieron a sacar ventaja de la muerte de Richelieu y de que Luis XIII estaba a punto de seguirle a la tumba, dando por sentado que Francia se sumiría en una situación próxima a la anarquía.

En consecuencia, consideraron que era un momento apropiado para invadir. Cruzaron la frontera y se dirigieron a París. Hicieron una pausa para poner sitio a la ciudad de Rocroi, en el lado francés de la frontera, y d'Enghien marchó hacia allí con rapidez. Su caballería derrotó a la española, y quedó la infantería, compuesta por 18.000 hombres, que durante siglo y medio había parecido invencible. Los ataques directos franceses fracasaron, de modo que d'Enghien se retiró e hizo uso de su artillería, al tiempo que se apoderaba de los cañones españoles.

Una vez que la infantería española estuvo bien castigada, un avance francés la arrolló y prácticamente la exterminó. Este hecho de armas señaló el fin de la superioridad militar española, e inauguró un período en el que el ejército francés dominó Europa. A pesar de su desagrado por las mujeres, incluida su esposa Ana de Austria (1601-1666), hermana de Felipe IV de España, Luis XIII consiguió ser padre de dos hijos. El mayor le sucedió en el trono a la edad de cinco años como Luis XIV (1638-1715). Ana de Austria desempeñó la regencia, y designó primer ministro a Julio Mazarino (Jules Mazarin, 1602-1661), que había colaborado con Richelieu. Este último lo había recomendado como sucesor, y Mazarino gozó de la completa confianza de Ana.

Mazarino continuó la política de Richelieu tanto dentro como fuera de Francia, y contribuyó a que la guerra de los treinta años tuviera una feliz conclusión (para Francia) en 1648. Pero ahora la nobleza, libre del poderosísimo genio de Richelieu, se alzó en rebelión.

A su lado se puso también la clase media, que deseaba algún tipo de gobierno distinto a la voluntad del monarca, que no debía rendir cuentas ante nadie. La insurrección se conoció como la Fronda (del nombre de un tirachinas infantil, y que se empleaba como expresión para manifestar desdén). Mazarino actuó con desventaja por ser italiano, con lo que el fervor nacional francés pudo ser fácilmente atizado contra él. Pero combatió la Fronda hábilmente, y en 1650 estaba casi dominada. Este período fue el principio de la edad de oro de la literatura francesa.

Pierre Corneille (1606-1684) escribió grandes dramas y fue el creador de la tragedia francesa clásica. Los franceses se adhirieron tan íntimamente a los modelos griego y romano, que siempre han sentido poco aprecio por Shakespeare, cuyas obras trascendían las rígidas reglas establecidas por los griegos.

En el terreno de la ciencia, Francia también descolló en esta época. El estudioso Marin Mersenne (1588-1648) sirvió de vínculo personal entre los científicos de Europa. Escribió voluminosas cartas a lugares tan alejados como Constantinopla, informando de los trabajos científicos sobre los que tenía noticia, solicitando a su vez información y formulando sugerencias. Prestó, pues, un impagable servicio.

Pierre Gassendi (1592-1655), otro erudito francés, defendió con vigor la filosofía atomista de Demócrito y Lucrecio, y la mantuvo viva para sus contemporáneos. Descubrió y dio nombre a la aurora boreal y, en 1631, observó el planeta Mercurio cruzar delante del Sol. Fue el primer tránsito planetario que se vio. René Descartes (1596-1650) publicó su obra filosófica a partir de 1637, y empezó por establecer su propia existencia: "Pienso, luego existo." Y a partir de ahí, continuó.

En matemáticas, inventó la geometría analítica, y en un apéndice a aquella obra expuso un sistema de interconversión de ecuaciones algebraicas y figuras geométricas. Murió en Suecia gracias a la insensibilidad de la reina Cristina. Pierre de Fermat (1601-1665) era un abogado que se ocupaba de matemáticas sólo en sus ratos libres.

A veces se le llama "el más notable aficionado del mundo". Fue uno de los precursores del estudio de la teoría de los números. Blaise Pascal (1623-1662), que trabajó con Fermat, fundó la teoría de las probabilidades. La obra empezaba con una consideración sobre la incertidumbre de un jugador a la hora de apostar. Pascal inventó también la primera calculadora mecánica en 1649, desde luego muy simple. Pascal era jansenista, o sea seguidor de los principios enunciados por el teólogo holandés Cornelius Otto Jansen (1585-1638).

Jansen era católico, pero abominaba de los jesuitas y de la Contrarreforma; en ciertos aspectos su pensamiento estaba teñido de protestantismo. La pugna entre jansenistas y jesuitas dividió especialmente a Francia, de forma casi tan negativa (aunque sin llegar a la guerra) como lo hiciera la disputa entre hugonotes y católicos. Pascal pasó los últimos días de su vida escribiendo ensayos en defensa de los puntos de vista jansenistas, y su libro Pensées (Pensamientos) fue tan brillante como para impresionar a las generaciones sucesivas en la misma medida que sus trabajos matemáticos.

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Editada en Buenos Aires - Argentina