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Superada largamente aquella etapa histórica en la que las aulas eran el santuario del aprendizaje, la vertiginosa evolución de la tecnología satura los oídos, los ojos y las mentes de los jóvenes no sólo con información, sino con un ilimitado abanico de propuestas que tienen para ellos un alto grado de atracción. El ámbito educativo por excelencia, que seguirá siendo la escuela, dejó de tener la exclusividad en el proceso de enseñanza-aprendizaje, pero no puede perder su relevancia, y mucho menos respecto de la educación, que es algo más que enseñar y aprender. Con los cambios que sean necesarios en el papel que desempeña el docente con sus alumnos, es esencial para la tarea formadora que la escuela siga siendo el punto de referencia válido, el centro real de la institución educativa. Y para lograr ese objetivo, que debe considerarse crucial en esta etapa de transformaciones, una de las claves se manifiesta en el modo en que la comunidad educativa adopta y utiliza los medios electrónicos, portadores de ofertas con un espectro que va desde lo más rico y valioso, hasta lo detestable, pasando por lo que tiene escasa o nula posibilidad de aprovechamiento.
Pero el docente, casi agobiado por sus obligaciones cotidianas, suele verse, en unos casos, desorientado y aturdido frente al bombardeo de propuestas tecnológicas; en otros, falto de tiempo y de alternativas que contribuyan con eficacia a sus objetivos pedagógicos. El camino equivocado En muchos establecimientos se ha cometido el error de confinar la informática, o las "clases de computación", a unas determinadas horas pedagógicamente alejadas del resto de la actividad docente. Quedan así, por un lado, los maestros con sus materias, su currícula, sus clases, y por otro los "profesores de computación", que estarían equivocados si creyeran que lo que tienen entre manos es una asignatura más. Al menos en la escuela, no puede ser así. Si verdaderamente la escuela quiere abrir sus puertas al mundo y preparar a los chicos para desenvolverse en este modelo de sociedad que estamos viviendo, olvidémonos de "enseñar computación" en un sentido parcializado, quizás muchas veces cargado de interés publicitario y/o comercial, y pensemos en cómo lograr que nuestros alumnos manejen la herramienta informática para avanzar en todos los campos del aprendizaje. El recurso transversal Un primer objetivo pensado desde la dirección escolar, indicador de que este tema se encara con un criterio feliz, es el de lograr que la computadora, la informática en general, se convierta, también dentro de la escuela, en un recurso "transversal", es decir, en una herramienta que sirva para los procesos de enseñanza-aprendizaje en todas las materias y en todos los niveles formativos. Que desaparezca "la hora de computación" (no así los docentes capacitados para proveer el entrenamiento en el uso del ordenador) y que los chicos se familiaricen con el instrumento que puede servirles realmente, con la orientación de todos los integrantes del cuerpo docente y sin que éstos pierdan la iniciativa, para su crecimiento intelectual y para su avance en cualquiera de las áreas del conocimiento. Y en este plan de acción, navegando por ese ilimitado océano, ese laberinto fantástico que es Internet, se pueden encontrar proyectos pensados con un criterio coincidente: poner al alcance de la escuela un material y unas actividades que no le dicen al maestro "bueno, ahora, a descansar que nosotros nos hacemos cargo", sino más bien se convierten en un "acompañante" de este proceso de transformación en el que todos tenemos mucho para experimentar y para aprender. Algo recomendable Así nos encontramos con "El Tercer Tiempo", una revista digital para la educación que no ofrece un menú cocinado y listo para digerir. No apunta a la interactividad electrónica entre el alumno y la máquina haciendo que el maestro observe, desde un segundo plano, cómo se le escapa de las manos su misión esencial o el tiempo que necesita para cumplirla. Hay del otro lado de la línea un equipo de trabajo con el que se puede interactuar, sin dejar de lado al maestro. Todo lo contrario: teniéndolo muy en cuenta como primer protagonista. "El Tercer Tiempo" es una propuesta pedagógica que ha trabajado desde su nacimiento con los siguientes principios:
Con estas premisas, "El Tercer Tiempo" aparece en Internet como un proyecto de los que no se ponen sobre la escuela, sino junto a ella, para acompañar y apoyar el trabajo didáctico y pedagógico del maestro. Jamás estará terminado Un menú dinámico, de amplio espectro, que jamás se dará por terminado, pone primeramente en manos del docente su propio proyecto pedagógico, donde quedan definidos los objetivos generales y específicos, metodología, estrategias, características y destinatarios. A través de numerosas secciones, la revista electrónica ofrece un rico y variado material de lectura, apto para la elección personal o en grupos, a fin de encarar diversos planes de trabajo. Desde la serie de leyendas, pasando por los personajes dignos de conocer, hasta las curiosidades de la ciencia y de la técnica, la revista "El Tercer Tiempo" es un abanico ilimitado de posibilidades que se abren a la creatividad dentro de la escuela, presentadas a través de una redacción cuidada y especializada, de clara y fácil lectura. La expresión de los chicos es uno de los ejes principales, ya que "El Tercer Tiempo" permite una diaria y fluida comunicación entre docentes y alumnos a través de su página de correspondencia. "Llegó carta para vos" es una sección interesante de la revista, en la que se pueden descubrir realidades, opiniones, sentimientos; en fin, un lugar en el que la comunicación se pone a la orden del día. Los caminos que nunca se acaban El proyecto se abre en interminables caminos que cada uno recorrerá cuando su apetencia se lo pida:
Sin temor a equivocarnos, podemos decir que es un proyecto de telemática educativa que va creciendo y evolucionando al ritmo que le da la propia interacción con escuelas, docentes, chicos y adultos en general. Pero se destaca la estrategia básica de acompañar y enriquecer las posibilidades de la enseñanza, sin entorpecer ni superponerse con la acción pedagógica por excelencia del docente. |