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Teletrabajo: realidad controvertida

© Carlos Alberto Estévez

Jack M. Nilles fue el primer teórico que trató el teletrabajo, concepto que acuñó y que ha desarrollado posteriormente en varios libros y a través de la dirección de una empresa de consulta sobre tecnología que trabaja para instituciones y organizaciones de todo el mundo.

Nilles, originalmente un científico aeronáutico norteamericano, empezó a pensar en el teletrabajo como un sistema para contrarrestar el problema del tráfico cuando en 1970 alguien le formuló la siguiente petición: "¿Ustedes, que son capaces de colocar al hombre en la Luna, no podrían colocar allí el problema del tráfico?".

El experto asegura que la tendencia es irreversible. Sus previsiones son que en el año 2030 habrá en el mundo unos 350 millones de teletrabajadores, de los cuales más de una tercera parte, aproximadamente 140 millones, estarán en los países de la Unión Europea.

Inciden en esto muchos factores. Uno es la presión competitiva que hace que las empresas adapten, reestructuren o reduzcan sus plantas funcionales. El teletrabajo es un elemento importante pero hay otros puntos, como la presión del tráfico urbano, la preocupación por el medio ambiente o el interés de los obreros calificados por organizar su tiempo de una manera diferente.

Esto significa nuevas oportunidades y nuevos peligros. Podemos pensar, por ejemplo, que la gente preparada del Tercer Mundo se quedará con empleos que ahora están en los países desarrollados por el simple hecho de que ofrecerá sus habilidades a un precio más bajo. El intercambio que el teletrabajo puede ocasionar entre los países será muy complejo y aunque se pongan barreras reguladoras creo que a la larga se puede contener ese flujo.

Uno de los efectos actuales del teletrabajo es eliminar tareas dentro de las empresas, que pasan a ser desempeñadas por trabajadores convertidos en autoempresarios. Esto puede ser traumático incluso para quienes quieran asumirlo. No todo el mundo sirve como empresario ni tiene preparación para serlo. Sin embargo, Nilles es optimista al respecto y sostiene que uno de los requisitos para un buen teletrabajador que trabaje en casa es ser un buen autoempresario. Puede que esto atemorice a mucha gente al principio -dice-, pero los fundamentos se pueden aprender.

Cuando se le pregunta si el teletrabajo creará empleo o servirá básicamente para que mucha gente cambie de status laboral, él afirma que en el cambio en el que estamos inmersos, muchos trabajos desaparecerán. Unos desaparecerán localmente y otros desaparecerán globalmente. Pero una de las características culturales que nos hace humanos es nuestra curiosidad y ésta, que es el conductor del cambio tecnológico, nos hará crear más trabajos y también nuevos tipos de trabajos que ahora no podemos ni imaginar.

En cuanto a los aspectos culturales, aun en los Estados Unidos cuesta luchar contra el escenario mental heredado de la revolución industrial y según el cual el trabajo está lejos de casa y organizado de una determinada manera. En Europa, donde hay otra cultura del trabajo y otras leyes laborales, la resistencia aún es mayor, pero empiezan a verse cambios importantes. El teletrabajo se implantará y el aumento de teletrabajadores en Europa durante el próximo decenio será espectacular, según el propio Nilles.

Ahora mismo, sin embargo, muchos expertos colocan en un puesto prioritario otros dos factores. Uno es la reingeniería organizativa que empuja fuera de las empresas una serie de servicios que antes se realizaban desde adentro. El otro es el fin del modelo de creación de empleo, que confirma que la desocupación seguirá creciendo. En este punto, el teletrabajo aparece como una posible salida para una parte de las fuerzas del trabajo y también como un factor desestabilizador del mercado de trabajo.

"Si el teletrabajo se desarrolla masivamente --explica Louis Chavel, del Observatorio Francés de Conjeturas Económicas--, la gran tentación puede ser adoptar un modelo de total fexibilidad laboral, un modelo propio del liberalismo a ultranza que ciertamente haría felices a algunos, pero que sobre todo produciría algunas catástrofes." Esta encrucijada se da en todos los lugares donde el teletrabajo está emergiendo.

La forma tradicional de teletrabajo es la del teletrabajo en casa, en la que el teletrabajador utiliza el ordenador, el módem y las redes informáticas para conectarse con la empresa o con el cliente. Esta es la forma más habitual y la más extendida, pero no es la única. Existe el teletrabajo móvil, en el cual el teletrabajador utiliza un equipo portátil para realizar su trabajo desde cualquier punto en el que se encuentre: los centros de teletrabajo, instalaciones sin estructura de empresa, alejadas de ella y que son utilizados por los teletrabajadores; y las llamadas empresa distribuidas, en las que las redes informáticas permiten que un trabajo se realice a la vez desde diversos puntos geográficos. El teletrabajo adquiere su actual importancia por su fácil aplicación en aquellos ámbitos laborales en los que la información es la materia prima.

En su libro "Camino al futuro", Bill Gates dice: "En los años venideros, millones de personas teletrabajarán, al menos parte del tiempo, utilizando las autopistas de la información. Dentro de una década, las ofertas de muchos puestos de trabajo dirán cuántas horas se pretende que haga el trabajador en su domicilio y cuántas en determinado lugar, tal como una oficina. Algunos puestos de trabajo exigirán que el empleado disponga de un ordenador para trabajar en casa".

Pero aunque Gates ponga el acento en el aspecto tecnológico, ésta es sólo una de las razones del auge actual del teletrabajo. Debemos incluir motivos ecológicos (menos desplazamientos diarios en coche significan menos polución y menos consumo de combustible), razonamientos estadísticos (sólo en Francia se pierden cada día siete millones y medio de horas en desplazamientos al trabajo), argumentos presupuestarios (ATT ahorró 80 millones de dólares al reconvertir 50.000 empleados fijos en teletrabajadores móviles) y reflexiones sobre la calidad de vida (la aspiración a un trabajo más flexible por parte de muchos trabajadores calificados).

En Estados Unidos, donde el teletrabajo ha llegado a la propia Administración y es utilizado por American Express, Ernst & Young, Hewlett-Packard, Coca-Cola y ATT, entre otras empresas, existen ya más de quince millones de teletrabajadores. En un 80% de los casos, este teletrabajo afecta a profesiones relacionadas con la información.


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