Desarmar algo que no funciona
y empezar de nuevo
© Carlos
Alberto Estévez
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"En la era de los discos compactos, las
videocaseteras, las comunicaciones vía satélite y los ordenadores portátiles, la
educación permanece apegada a las prácticas tradicionales''. Suena duro, ¿verdad? Sí.
El dictamen tiene sabor a crítica extrema o, mejor, extremista. Sin embargo, nadie
debería juzgar sólo porque la contundencia de un puñado de palabras extrapoladas
parezca sugerir la idea de dos extremos incompatibles. Ésta es una excelente oportunidad
para practicar la sana costumbre de "distinguir" bien antes de juzgar.
Mucho menos aconsejable sería dar vuelta la cara
porque estos nuevos vientos parecieran arrastrarnos hacia un paisaje desconocido. En otras
palabras, sería penoso rechazarlo por temor; o, como señaló alguna vez el prestigioso e
inolvidable educador y periodista Luis Jorge Zanotti, por "vejez intelectual''.
Estamos comentando el pensamiento de David Perkins,
que vive en el planeta Tierra, en Cambridge, Massachusetts. No es un profeta ni un
obcecado; no es un vendedor de ilusiones ni de computadoras. Perkins es un maestro que da
clase todos los días y que ha visto (¿quién no?) que sus objetivos se hacían añicos
contra un enemigo casi inexpugnable: el fracaso.
Una y otra vez se subió al carro de nuevos planes y
reformas, para terminar en el mismo punto, al cerrarse el círculo vicioso que ha tratado
de quebrar desembarazándose de la rutinaria, desgastante trivialidad de hacer siempre lo
mismo, pero de otra manera. Perkins se cansó de dar vueltas y vueltas en el tiovivo de la
secuencia fracaso-reforma-cambio-fracaso.
Motivado por ese cansancio activo, que no claudica,
terminó formando parte del Centro de Investigación para el Desarrollo Cognitivo, de la
Universidad de Harvard, además de ser investigador asociado en la Harvard Graduate School
of Education.
Y publicó su libro, "La escuela
inteligente", un compendio de observación y de investigación aplicada, de trabajo
sometido día tras día a la prueba inapelable de los resultados en el aula. La extensión
del título de esta obra, editada en español por Gedisa, es una incitación para quien se
sienta comprometido con la educación: "Del adiestramiento de la memoria a la
educación de la mente''.
De todos modos, por favor, que nadie lo lea si no
está seguro de tener su espíritu abierto, dispuesto a la reflexión y libre de un amor
propio exagerado.
Perkins no ha escrito para decirnos que la
cibernética viene a salvar la educación. Sus conclusiones no nos han llegado vía
satélite sino a través de la lectura de sus obras en papel. Y en ese papel se pueden ver
las verdades enormes que dice cuando habla de la herramienta informática, indispensable
ya, según cómo se maneje. "Hay maestros que se dedican a ensayar nuevas
alternativas y lo hacen con absoluto fervor -afirma-, pero la mayoría de esos
experimentos no aplican todo lo que sabemos sobre la enseñanza y el aprendizaje.''
Y así llega a la tesis de su obra: "Lo que nos
falta, en cantidades colosales, no es el conocimiento sino el uso del conocimiento''.
Cuando confronta la era de las computadoras con las
prácticas tradicionales no quiere decirnos que tiremos los libros a la basura y nos
abracemos a un monitor de alta definición. No le llama escuela inteligente a la que está
infestada de ordenadores, sino a la que reúne estas características:
Está informada. Los directores, los docentes y los
alumnos saben mucho sobre el funcionamiento del aprendizaje y del pensamiento.
Es dinámica. No posee sólo información que se
transmite sino que genera energía positiva en la estructura escolar.
Es reflexiva. La enseñanza, el aprendizaje y la
toma de decisiones giran en torno del pensamiento.
Nada más estimulante que leer el libro de David
Perkins con un lápiz en la mano, como se debe, para marcar párrafos esenciales, porque
todas sus páginas terminan resaltadas. Hay que animarse.
"El programa que lo abarca todo -afirma
Perkins- actúa como un vampiro que desangra a maestros, alumnos y directores. Nada quita
más energía que hacer muchas cosas y no tener tiempo para hacerlas medianamente bien''.
Muchos escribirían esto con marcadores gruesos en las paredes de sus oficinas, ¿no?
El salto con que Perkins se libera del círculo
vicioso que empieza y termina en el fracaso es el que va del conocimiento a la
metacognición, y del currículum al metacurrículum. Son 264 páginas destinadas a
mostrar cómo lograr que el alumno no sólo aprenda sino que descubra cómo aprende, y a
que el currículum no empuje a la captura de datos apilados en la mente sino a la
transferencia y a la relación entre los aprendizajes.
No es fácil, pero resulta apasionante, según la
energía disponible, la idea de desarmar algo que no funciona y empezar de nuevo. Vale la
pena.
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