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¿Se puede enseñar y aprender a ser creativo?

© Carlos Alberto Estévez

Si hay 27 jugadores anotados para un torneo eliminatorio de tenis, ¿cuántos partidos deberán jugarse?

Algo perplejos, los chicos miran al profesor y comienzan a calcular: en la primera rueda se enfrentarán 13 contra 13 y uno estará libre. Hasta entonces se habrán jugado 13 partidos y quedarán en competición 14 jugadores. Y, con la ansiedad multiplicada por el tiempo que transcurre, siguen las cuentas...

Darío ni siquiera toma el lápiz y responde al momento, con seguridad: "Se jugarán 26 partidos".

El profesor se asombra y lo felicita. ¿Qué pasa con Darío? ¿Es un genio? Si genio significa -como escribió William James- poco más que la facultad de percibir de manera no habitual, tal vez sí.

En realidad, sólo enfocó el problema desde otro ángulo. Todos habían comenzado por el principio. El lo hizo desde el final; y razonó: cuando todo haya terminado, habrá un ganador; cada partido genera una baja; hay 26 jugadores que deberán perder; resulta obvio que se jugarán 26 partidos. Así de fácil.

La ventaja de Darío no es únicamente la rapidez, sino también el ahorro de energía en cada trance y la eficiencia con que busca y encuentra por sí solo el camino para resolver situaciones.

Aunque elemental, la anécdota desemboca en una pregunta con respuesta cierta: ¿Esa condición intelectual de Darío es innata o puede adquirirse?

En otras palabras: ¿La capacidad de innovar, la creatividad, la aptitud para enfrentar desafíos nuevos, la audacia y el ingenio para encarar caminos inexplorados pueden ser cultivados o sólo es un regalo de nacimiento del que disfrutan unos pocos privilegiados?

El doctor Ariel H. Guerrero sostiene que cada ser humano nace con una cuota específica de capacidad creativa sumamente variable. Pero afirma también que puede acrecentarse mediante un proceso especializado y sistemático de enseñanza.

"Yo defino esta relación con una fórmula matemática -amplía el experto-: C=(En)T. Esto significa que la creatividad (C) será igual al entrenamiento (E) elevado a una determinada potencia (n), que se multiplica por el talento natural (T)". De la ecuación se desprende que no es tan relevante el nivel de creatividad genética que un chico pueda manifestar, como la intensidad y calidad del entrenamiento que se le brinde. "Pero como valor agregado -completa Guerrero la explicación de su fórmula- es probable que el entrenamiento desarrolle también el potencial original. Quiero decir que el exponente del entrenamiento también puede convertirse en exponente del talento natural".

Resumiendo: aunque alguien no lo vea, la creatividad puede enseñarse y aprenderse. Y también puede quedar sepultada. Depende.

Ariel Guerrero, doctor en química, egresado de la Universidad de Buenos Aires con medalla de oro, fue profesor titular en las facultades de Ciencias Exactas, de Ingeniería y de Agronomía y Veterinaria de dicha universidad. Se desempeñó también en el Colegio Nacional de Buenos Aires, en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires y en la Universidad Argentina de la Empresa. En 1974 ingresó en el Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas como investigador independiente.

William Blake, autor de "Songs of innocence" (Cantos de inocencia) y "Songs of experience" (Cantos de experiencia), escribió entre sus versos esta frase: "Terminó la inocencia, comenzó la experiencia". Los seres creativos constituyen la excepción de esa polaridad. "La mejor definición que he visto dice que la creatividad es el armónico matrimonio entre la inocencia y la experiencia". Frescura juvenil, para que lo obvio siga siendo el primer paso. Luego, el entrenamiento sistemático.

Después de leer el libro "Curso de creatividad", de Ariel Guerrero, la inquietud que revive en cualquier círculo atento a la educación apunta una y otra vez al replanteo de los métodos y, sobre todo, de algunos objetivos de la enseñanza.

¿Importa más el cuánto o el cómo? ¿Tenemos ante nosotros a un potencial contenedor de saberes o pretendemos gestar a un auténtico realizador, que pueda reorganizar esos datos y seguir avanzando por sí mismo?

A pesar de cualquier coyuntura, los años más valiosos de nuestros hijos transcurren inexorablemente; pero, aunque convengamos en invertir para el futuro, hay una prioridad insoslayable: la atención especial que los institutos de formación deben prestar a este desafío, con el fin de que los docentes desarrollen cada vez más sus aptitudes para enseñar a pensar, analizar y decidir; para estimular el talento creativo que convierta al conocimiento en algo más que un tesoro meramente acumulado.


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