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El desarrollo vertiginoso de la
ciencia y de la tecnología va dejándonos cada vez más expuestos a enormes sobredosis de
datos. La dificultad radica en lograr que el hombre esté preparado y maduro para
convertirlos en conocimiento, a través de una elaboración dirigida y condicionada por su
propia manera de pensar.
Según la licenciada en
Psicopedagogía María Isabel Oliver, "es observable en la clínica psicopedagógica
el sufrimiento, apatía y desaliento de los alumnos que completan el ciclo secundario ante
la dificultad para organizar su aprendizaje y mejorar su rendimiento en el nivel
terciario. Pocos pueden responder adecuadamente a su planteo: ¿Para qué estudiamos y
cómo aprendemos?".
Hoy se ha generalizado la
convicción acerca de la necesidad de un cambio en la educación, pero no siempre se evita
la dilación de las discusiones parcializadas o inexpertas, que no contribuyen a
desentrañar y superar los aspectos intelectuales de la crisis.
Un aporte valioso
Sobre este tema, el doctor Oscar
Gómez Poviña, doctor en Medicina, investigador científico y docente, publicó años
atrás un libro que merece ser de cabecera para cualquier maestro. Se titula
"Aprendizaje y cognición; para qué y cómo aprendemos". Fue editado por la
Fundación Banco de Boston.
Es un trabajo destinado a los
alumnos que terminan el nivel medio o inician sus estudios universitarios. Sin embargo, lo
leerán con provecho y placer intelectual todos los que quieran aprender; o enseñar a
aprender.
¿Por qué para ellos? El autor
explica: "Nadie parece querer reconocer que los estudiantes están inmersos en un
sistema que no les permite un desarrollo personal y una adecuada y armónica maduración,
situación de la que son los perjudicados pero no los responsables. Ellos intuyen que algo
no funciona como debe, pero no saben definirlo y, por lo tanto, están incapacitados para
intentar el mejoramiento de sus aprendizajes".
Coincide con este enfoque el
profesor Alfredo Manuel van Gelderen, autor del prólogo, quien afirma: "Nuestros
alumnos, después de cursar los niveles primario y secundario, no están debidamente
capacitados para estudiar solos y aprender autónomamente".
Gómez Poviña señala que en el
proceso de enseñanza-aprendizaje se encuentran los verdaderos desafíos de la escuela.
"En nuestro país -reflexiona- la educación tiene graves deficiencias que siguen sin
solución. Pero lo curioso es que los temas que se discuten no se refieren a lo que yo
considero la naturaleza real del problema". Su tesis podría sintetizarse así:
"Hay que enseñar a aprender". Si lográramos esto -advierte van Gelderen-
habríamos realizado lo que repetimos teóricamente, sin concretar en la práctica: que el
alumno sea el centro de una acción educativa formal".
Con atrayente claridad, y sin
concesiones, la obra ayuda a comprender cuáles son los procesos para el análisis de los
datos que llegan. A través de ejemplos y ejercicios, quedan explícitos los requisitos
del pensamiento crítico y reflexivo como elemento esencial del aprendizaje.
El autor sostiene que la
estructura lógica del pensamiento garantiza la validez del proceso pero no la verdad de
la conclusión. "Pueden coexistir -aclara- una estructura lógica impecable y un
resultado erróneo". Y los ejemplos que brinda en el último capítulo no dejan lugar
para la duda.
Pensamiento y acción
Al profundizar su diagnóstico
acerca de la educación de hoy, afirma que los componentes intelectuales no pueden
separarse de los logros en el área afectiva. "No es lo mismo -expone- tener un
conocimiento que estimule una acción, que tener un conocimiento que no nos produzca
emoción alguna y, por lo tanto, no promueva una realización personal".
Critica el empleo desmedido del
método expositivo, porque "desarrolla en el estudiante la creencia -equivocada, por
cierto- de que se le está brindando un conocimiento terminado, con valor permanente. Y
hoy, más que nunca, hemos aprendido que el conocimiento es perimible".
Para todos aquellos que, con
socrática humildad intelectual, quieran aprender, o enseñar a aprender, vale esta
reflexión del escritor: "Una persona que carezca de una formación integral que le
permita leer la realidad, interpretarla y proyectar consecuencias; que no sepa autoevaluar
sus pensamientos y acciones; que no haya aprendido a transferir sus aprendizajes a otros
campos, se encontrará perdida en un mundo cada vez más complejo, incierto e inseguro. Y
el estudiante, salvo en muy reducidos lugares, no es entrenado para poder vivir en ese
mundo; ni siquiera para sobrevivirlo".
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