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La verdadera dimensión del
docente y un gran desafío

© Carlos Alberto Estévez

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El desarrollo vertiginoso de la ciencia y de la tecnología va dejándonos cada vez más expuestos a enormes sobredosis de datos. La dificultad radica en lograr que el hombre esté preparado y maduro para convertirlos en conocimiento, a través de una elaboración dirigida y condicionada por su propia manera de pensar.

Según la licenciada en Psicopedagogía María Isabel Oliver, "es observable en la clínica psicopedagógica el sufrimiento, apatía y desaliento de los alumnos que completan el ciclo secundario ante la dificultad para organizar su aprendizaje y mejorar su rendimiento en el nivel terciario. Pocos pueden responder adecuadamente a su planteo: ¿Para qué estudiamos y cómo aprendemos?".

Hoy se ha generalizado la convicción acerca de la necesidad de un cambio en la educación, pero no siempre se evita la dilación de las discusiones parcializadas o inexpertas, que no contribuyen a desentrañar y superar los aspectos intelectuales de la crisis.

Un aporte valioso

Sobre este tema, el doctor Oscar Gómez Poviña, doctor en Medicina, investigador científico y docente, publicó años atrás un libro que merece ser de cabecera para cualquier maestro. Se titula "Aprendizaje y cognición; para qué y cómo aprendemos". Fue editado por la Fundación Banco de Boston.

Es un trabajo destinado a los alumnos que terminan el nivel medio o inician sus estudios universitarios. Sin embargo, lo leerán con provecho y placer intelectual todos los que quieran aprender; o enseñar a aprender.

¿Por qué para ellos? El autor explica: "Nadie parece querer reconocer que los estudiantes están inmersos en un sistema que no les permite un desarrollo personal y una adecuada y armónica maduración, situación de la que son los perjudicados pero no los responsables. Ellos intuyen que algo no funciona como debe, pero no saben definirlo y, por lo tanto, están incapacitados para intentar el mejoramiento de sus aprendizajes".

Coincide con este enfoque el profesor Alfredo Manuel van Gelderen, autor del prólogo, quien afirma: "Nuestros alumnos, después de cursar los niveles primario y secundario, no están debidamente capacitados para estudiar solos y aprender autónomamente".

Gómez Poviña señala que en el proceso de enseñanza-aprendizaje se encuentran los verdaderos desafíos de la escuela. "En nuestro país -reflexiona- la educación tiene graves deficiencias que siguen sin solución. Pero lo curioso es que los temas que se discuten no se refieren a lo que yo considero la naturaleza real del problema". Su tesis podría sintetizarse así: "Hay que enseñar a aprender". Si lográramos esto -advierte van Gelderen- habríamos realizado lo que repetimos teóricamente, sin concretar en la práctica: que el alumno sea el centro de una acción educativa formal".

Con atrayente claridad, y sin concesiones, la obra ayuda a comprender cuáles son los procesos para el análisis de los datos que llegan. A través de ejemplos y ejercicios, quedan explícitos los requisitos del pensamiento crítico y reflexivo como elemento esencial del aprendizaje.

El autor sostiene que la estructura lógica del pensamiento garantiza la validez del proceso pero no la verdad de la conclusión. "Pueden coexistir -aclara- una estructura lógica impecable y un resultado erróneo". Y los ejemplos que brinda en el último capítulo no dejan lugar para la duda.

Pensamiento y acción

Al profundizar su diagnóstico acerca de la educación de hoy, afirma que los componentes intelectuales no pueden separarse de los logros en el área afectiva. "No es lo mismo -expone- tener un conocimiento que estimule una acción, que tener un conocimiento que no nos produzca emoción alguna y, por lo tanto, no promueva una realización personal".

Critica el empleo desmedido del método expositivo, porque "desarrolla en el estudiante la creencia -equivocada, por cierto- de que se le está brindando un conocimiento terminado, con valor permanente. Y hoy, más que nunca, hemos aprendido que el conocimiento es perimible".

Para todos aquellos que, con socrática humildad intelectual, quieran aprender, o enseñar a aprender, vale esta reflexión del escritor: "Una persona que carezca de una formación integral que le permita leer la realidad, interpretarla y proyectar consecuencias; que no sepa autoevaluar sus pensamientos y acciones; que no haya aprendido a transferir sus aprendizajes a otros campos, se encontrará perdida en un mundo cada vez más complejo, incierto e inseguro. Y el estudiante, salvo en muy reducidos lugares, no es entrenado para poder vivir en ese mundo; ni siquiera para sobrevivirlo".

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