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Al enfocar el progreso educativo
de nuestros hijos desde diferentes ángulos, encontramos un aspecto más profundo, más
íntimamente relacionado con la vida de los chicos, y que el sistema educativo, formal y
no formal, debe encarar con mayor amplitud, capacidad y decisión: la orientación
vocacional.
De hecho, son miles y miles los
seres humanos que en este mismo momento están preguntándose qué hacer con su existencia
a partir de la finalización de los estudios secundarios, y la ayuda que reciben desde la
familia, desde la escuela, o desde diferentes ámbitos de la sociedad suele ser,
muchísimas veces, escasa, contradictoria o equivocada.
La psicóloga Lidia Ferrari
plantea estos temas con meridiana claridad, y hasta con valentía, en "Cómo elegir
una carrera", un libro editado por Planeta.
Básicamente, destaca cinco
elementos o circunstancias que llegan a tener decisiva influencia en el acierto o en el
desconcierto. Pero antes de enumerarlos, Ferrari comienza su trabajo con un mensaje, que
nos hace comprender desde el principio que no se trata de un libro que debería ser leído
sólo por padres y maestros. Muchos chicos desorientados encontrarían por sí mismos, en
esas páginas, algunas claves que retemplarán sus propias fuerzas.
"Nadie mejor que nosotros
mismos -dice la autora- para elegir la que será nuestra carrera. No es un capricho. No
hay persona que nos pueda decir qué es lo mejor para nosotros, salvo acompañarnos y
ayudarnos a encontrarlo".
El tiempo: como
para calmar la ansiedad de chicos y grandes, la autora se pregunta cuál es el tiempo
necesario para tomar esa decisión y quién lo establece, para concluir en que "un
mes o un año para pensar puede ser no sólo poco en relación con toda la vida, sino que
puede ser un tiempo muy bien ganado".
Los lugares comunes:
desde la frase tan repetida como deplorablemente imprecisa que señala el mandato de
"llegar a ser alguien", pasando por las convicciones depresivas, como la de que
los que estudian arquitectura terminan siendo taxistas, se encaran con detenimiento
diversos prejuicios
que se transmiten de padres a hijos tan fácil como involuntariamente, incluida la
tensión paralizante: "no puedo equivocarme".
Influencias sociales,
escolares y familiares: en cuanto a la sociedad, la dificultad radica en que la
supremacía de algunos valores es provisional, mientras la elección es para toda la vida.
Respecto de la escuela, señala críticamente: "Algunos países tienen más claro que
la orientación para la elección vocacional debe hacerse a lo largo de toda la
enseñanza. No es el caso de nuestro país". Y muestra a la familia como portavoz,
muchas veces, de las exigencias sociales y culturales de su época, una influencia tan
inevitable como necesaria, aunque puede desembocar en resultados positivos o negativos,
según se maneje.
Vocación y profesión:
dos elementos que no siempre coinciden y que muchas veces se confunden hasta generar una
profunda sensación de fracaso.
Salida laboral:
ante esta necesidad innegable, como es pensar en la seguridad del sustento, la autora
advierte que, "a veces, se usa la preocupación de la salida laboral como un comodín
para resolver fácilmente un problema de elección".
Hay mucho más en este libro:
temas, reflexiones, análisis, testimonios y verdades. Y ante la trascendencia de lo que
se trata, toda búsqueda de esclarecimiento es poca. Cuanta más luz pongamos en el
camino, menos probabilidades habrá de tomar el rumbo equivocado.
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