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El sistema educativo quiere transformarse

Narices coloradas y
viejos vikingos en Dinamarca

© Carlos Alberto Estévez

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COPENHAGUE, Dinamarca.- "Yo he descentralizado más de lo que está permitido, así que de vez en cuando recibo una reprimenda de los altos mandos". Lars Bjorner resume con esta confesión de audacia la experiencia puesta en práctica en la escuela primaria de San Mateo, de la cual es director.

Junto a su escritorio, un pequeño árbol disecado. Lars, con sesenta años largos, mira por encima de los anteojos, se acaricia la barba y quiere hacer cómplice al periodista de sus "picardías pedagógicas y administrativas".

Señalando el árbol, confía casi en secreto: "Enviar una nariz colorada es la forma en que nosotros materializamos una reprimenda, y las que llegan aquí las colocamos en el arbolito del director".

Varias narices coloradas ponen en evidencia, desde las ramas secas, no sólo su seguridad y su transparencia, sino también la energía y el entusiasmo con que Lars Bjorner se abrazó a su escuela, hace diez años, y la transformó en un nido cálido, impecable, lleno de colores, de pensamientos pintados en las paredes, y de chicos felices que lo quieren y lo miman como a un abuelo, porque este docente con aspecto de viejo vikingo es capaz de saltar y bailar, cantar y reír como si fuera uno de ellos. Y de dirigir un conjunto de piano, guitarra y voces entusiastas. Pudimos verlo.

La disciplina soy yo

Después dice "la disciplina soy yo", porque le brota desde el alma el viejo vikingo autoritario, pero, a despecho de Peter, el intérprete más confiable (con perdón de Kirsten, eximia profesora de nuestro idioma y novel admiradora del lunfardo), cualquiera que comulgue con la pasión de Lars sabe que lo que quiso decir es que de él depende que no haya indisciplina.

Y en esta escuela no hay paredes sucias, ni desorden, ni maestros nerviosos pensando amonestaciones. "Yo soy el que crea la atmósfera -dice Lars- y ésa es mi misión".

Todo lo demás lo delega. Por eso hay un consejo de escuela, integrado por docentes, padres y alumnos, y un consejo ejecutivo que agiliza la toma de decisiones. A cada iniciativa, el director crea un comité responsable. Por eso existe el comité de libros, el de cultura, el de inventario, el de la idea de la semana...

Atreverse

Cuando se le pregunta por las causas de aquellas reprimendas que le refrescan la memoria desde el arbolito, y que se ganó por arriesgar, Lars prefiere justificarse primero. Señala un pensamiento de Kierkegaard que hizo pintar en su pared: "Atreverse significa perder por un momento el contacto con el suelo, pero el no atreverse es perderse a sí mismo".

Una de sus narices coloradas le llegó de "los altos mandos" porque durante un año superó el monto del presupuesto que se le asigna. La descentralización ha convertido a esta escuela en una empresa del municipio, que paga el sueldo de los maestros y, además, le entrega a Lars 800.000 coronas anuales (160.000 dólares) para que él las invierta en materiales didácticos, mobiliario, excursiones y campamentos, pintura y mantenimiento interior del edificio, limpieza, gastos administrativos e impuestos.

Y el señor director no está conforme con ese presupuesto. Siempre le parecerá poco, aunque después de ganarse varias narices coloradas, logró cerrar el último ejercicio con una reserva de 75.000 coronas (15.000 dólares), porque delegó en Christian, el vicedirector, el manejo presupuestario. "Christian -dice- es mi válvula de seguridad".

Un producto de calidad

Hay 24 maestros para 240 chicos en la escuela de San Mateo. Quisimos visitarla porque es la escuela más pobre de Copenhague. Está ubicada en un barrio de nivel socioeconómico bajo, donde viven inmigrantes y daneses de condición muy humilde, que los hay. Otro destello del genio de Lars: "En toda Dinamarca no hay chicos mejores que los que tenemos en esta escuela". Y nos lleva a conocerlos, para "vender", como él dice con aire de empresario ejecutivo, "un producto de alta calidad que fabricamos acá, que es la educación".

Camila es una danesa rubia de 8 años, más linda todavía que su nombre. Parece escapada de un cuento de Andersen. Llega corriendo detrás del director-abuelo y le muestra su muñeca nueva.

- ¿A que no sabés qué nombre le puse? (no lo sabe el cronista, ni el intérprete, ni Lars).

- No lo sé (Lars casi se sienta en el suelo para poner sus ojos en línea horizontal con los de Camila).

- Mi muñeca se llama Lars, porque así yo te recordaré siempre.

Al salir de la sala de maestros para ir a las aulas, hay una frase muy corta que no se puede dejar de leer: "¿Qué quieres?". Cuando los maestros vuelven a su descanso, del otro lado de la puerta los espera otra pregunta: "¿Qué has logrado?". Tampoco de ellos se espera que fallen, y eso los hace más capaces.

En Dinamarca hay infinidad de experiencias relativas a la descentralización pedagógica y administrativa que sirven para ser consideradas por los planificadores de gestión educativa.

Pero hoy, San Mateo se ganó su lugar por la atmósfera; por el aire cálido en su interior a pesar de la nieve que bloqueaba el patio de recreo; por la música; por una frase dibujada en la pared: "Hay una gota de rocío para cada brizna de hierba". Por Lars.

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Editada en Buenos Aires - Argentina