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Neruda amó el color azul intenso del mar y el ruido que causa el vaivén de las
olas. Sus poemas lo descubren y sus casas de Santiago, Valparaíso e Isla Negra también.
Las tres casas se han convertido para la Fundación Pablo Neruda en una eficaz
manera de atraer al turista nacional e internacional que desea conocer un poco más sobre
la vida del poeta.
En Valparaíso está La Sebastiana, llamada así por Neftalí Reyes, nombre de
pila de Neruda, en homenaje a su constructor, Sebastián Collado, un poeta que, aunque no
escribía versos, hacía poesía en la construcción.
Cuando la adquirió Neruda creía que había encontrado la casa de sus sueños,
allá, muy arriba, en el cerro Bellavista, desde cuya ventana podía observar desde el
quinto y último piso gran parte de la ciudad y el puerto chileno.
Neruda la llenó de rincones, escaleras... laberintos, como un Valparaíso hecho
en casa, con el mar y los barcos asomados en todas las ventanas para luego inaugurarla un
18 de setiembre de 1961. Cuando hay viento zumba como un temporal marino.
Al poeta le gustaban las puertas con vidrios de colores como las del siglo
pasado, y todo ese mosaico está presente en los diferentes ambientes de la casa, en las
botellas, en las ventanas, en los adornos... en las copas. Decía que hasta el agua tenía
mejor gusto cuando se tomaba en ellas.
En el centro de la sala la chimenea, diseñada por el propio poeta y bautizada
con el nombre de "Tinaja para el humo". Aún permanece el sillón llamado
"la nube" con su piso para poner los pies y las manchas de tinta verde con las
que siempre escribía.
La Chascona, otra casa con nombre de mujer que se levanta en las faldas del cerro
San Cristóbal, en el mismo centro de Santiago. Construida para su última esposa Matilde
Urrutia, La Chascona guarda los mismos sofisticados gustos del autor de "20 poemas de
amor y una canción desesperada", y aunque no tiene vista al mar, las paredes que
colindan con los grandes ventanales están pintadas con un azul intenso para que el poeta
sintiera la magia de lo que fue una de sus principales fuentes de inspiración.
Para el turista que llega a Santiago es ya una obligación visitar La Chascona,
muy cerca a bohemio Barrio de Bellavista y de seguro su magia lo envolverá y lo
conducirá a Valparaíso e Isla Negra para cerrar ese círculo que abrió en Santiago y
que al cerrarse comprenderá un poco más sobre los sentimientos de Pablo.
Isla Negra, a 120 kilómetros al oeste de la ciudad de Santiago, se contagia con
la quietud de la casa principal del ganador del Premio Nobel de la Literatura, y cuyos
ambientes y corredores se convierten en testigos de los poemas más tristes escritos en
una noche... y los más intensos. Allí, en las afueras reposan los cuerpos de él y de su
querida esposa Matilde Urrutia, como lo fue siempre... frente al mar.
Neruda escogió el nombre de Isla Negra como lugar para levantar su casa, y
construir en el interior de ella un inmenso barco anclado en tierra y llenó de los más
increíbles tesoros, de la cual sólo él era el dueño... sólo él podía ser el
capitán.
Son cinco ambientes y en varios de ellos se aprecian los inmensos mascarones de
proa que los adquiría con su propio dinero o los recibía como regalo de sus amigos. Las
puertas que unen un ambiente con otro son angostas, similares a las de un barco, y en una
parte del piso, Neruda ordenó que se colocaran conchas para sentirse muy cerca al mar
cuando se levantara de la cama por las mañanas.
En el dormitorio... la cama donde murió Neruda y donde escribió sus últimos
poemas y una impresionante vista al mar donde él podía disfrutar del crepúsculo y el
ocaso.
Al final de la casa, un ambiente no concuerda con el inmenso barco. Una
habitación con objetos típicos de la sierra y un techo de eternit para escuchar el
sonido de la lluvia, tal como lo sentía de niño en el viejo pueblo de Temuco.
En fin, un poeta.
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