Personajes de la vida real

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Jorge Luis Borges (1899-1986)

Un escritor que intenta transmitir los sueños

    
Jorge Luis Borges falleció en Ginebra, Suiza, el 14 de junio de 1986. En su homenaje, reproducimos un comentario de las seis conferencias que dictó en Harvard entre 1967 y 1968, en las que se muestran algunas más de las inacabables facetas de nuestro ilustre escritor

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Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges dictó en Harvard, entre 1967 y 1968, seis conferencias en las que reveló sus pasiones literarias y el arte de versificar. La editorial Crítica rescata por vez primera en español a un maestro arrodillado ante Góngora, Cansinos, Quevedo, San Juan, el Quijote o La Mancha, territorio, para él, imperecedero de la Literatura.

Borges se hace verbo

Chuan Tzu soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre. Jorge Luis Borges también soñó con el poeta, el filósofo y el pensador Chuan Tzu en la Universidad de Harvard, mientras ofrecía una serie de conferencias entre el otoño del año 1967 y la primavera de 1968.

Después de interpretada la música de Stravinski y antes de que hablara Octavio Paz, el conspicuo hacedor dictó sus charlas en perfecto y riguroso inglés, idioma que heredó desde un principio en el seno familiar. Y soñó con ser una mariposa, lo que proyecta el simbolismo de su representación soñadora.

Por vez primera aparece un Borges inédito en español. Un Borges en plenitud de facultades que reflexiona sobre el arte del verso. Como es tradición en todos sus textos, el rigor de su reflexión abraza el verbo, la erudición admirable y la ironía elegante. «This craft of verse», como se tituló en inglés, es un reposado, pausado y estupendo ejercicio de crítica y de lectura literaria. Las conferencias originales, pronunciadas en inglés, han sido vertidas al español por Justo Navarro y prologadas por Pere Gimferrer, borgiano confeso pero no mártir.

En la oscuridad de la noche

Cuenta Gonzalo Pontón Gijón, director de la nueva colección de Humanidades de la editorial Crítica —en la que se incribe esta obra inédita de Borges—, que las conferencias han visto la luz gracias a la labor del editor Calin-Andrei Mihailescu, quien las registró en una grabadora y las transcribió al pie de la letra. Dichoso magnetófono. En todo momento se ha respetado el carácter oral que poseen las piezas.

El arte poético de Jorge Luis Borges invoca la limpidez del estilo. Asusta —admite Pontón— el conocimiento enciclopédico de Borges sobre toda la historia de la poesía. Es admirable cómo Borges improvisa sus ponencias sin leer ni escribir ni una sóla línea. En aquella época, el eterno hacedor no veía, estaba ya ciego y preparó sus conferencias desde la mente. Borges las dictó en inglés —en su casa le llamaban «Georgie»— ante una infinita audiencia de estudiantes, especialistas y críticos boquiabiertos. Borges concede un fabuloso repaso histórico a todas sus lecturas —él se enorgullecía de los libros que había leído—, las obsesiones de su pensamiento, las literaturas primitivas inglesa y germánica, las fantásticas sagas islandesas, las literaturas germanas medievales y toda la tradición contemporánea.

Yeats, Whitman, Joyce deslumbran al autor argentino por su increíble capacidad de creación lingüística. Borges rememora a los poetas de finales del siglo XIX y principios del XX. Recita adagios latinos y versos de Virgilio en su espléndida fiesta de la literatura. El libro es toda una celebración de la cultura.

Cansinos, su maestro difunto

Jorge Luis Borges rememora y tributa a Góngora, Quevedo, San Juan, Macedonio Fernández y a Rafael Cansinos Asséns, con quien le unía una entrañabale amistad. Cansinos -Borges nunca logró entender por qué fue olvidado- era lo más parecido a una biblioteca que tenía el hacedor.

Le considera su maestro difunto y recuerda que Cansinos escribió un poema en prosa muy hermoso en el que pedía a Dios que lo protegiera, que lo salvara de la belleza, porque decía, «hay demasiada belleza en el mundo». Y aunque no sabía en ese momento si había sido un hombre especialmente feliz, confiaba: «¡Tengo la esperanza de que seré feliz a la avanzada edad de sesenta y siete años!».

Para terminar de develar el enigma de la poesía, Borges captura una cita de San Agustín que encaja a la perfección: «¿Qué es el tiempo?. Si no me preguntan qué es, lo sé. Si me preguntan qué es, no lo sé». Borges pensaba lo mismo de la poesía. Y apostillaba el maestro que las obras que había devorado le otorgaban una excelsa felicidad ya que estaba por ver si las que uno escribe conceden la misma satisfacción.

Su "credo poético"

Son ciento setenta páginas de deleite para la lectura y para el amor a la poesía. En ellas emerge el compromiso del creador. La última de las conferencias se titula «Credo poético» y en ella Borges hace un recorrido por su intrahistoria de lector y de escritor. Su credo es elemental e idealista. Sus versos son fuente de la delectación estética. El autor de «El Aleph» confiesa que cuando escribe no intenta ser un «escritor suramericano». Sólo intenta transmitir el sueño. Jorge Luis Borges cree que uno debería tratar de creer en las cosas aunque las cosas acaben defraudando(nos).

«La Mancha es ya una palabra imperecedera de la Literatura»

«El enigma de la poesía», «La metáfora», «El arte de contar historias», «La música de las palabras y la traducción», «Pensamiento y poesía» y «Credo de poeta» son los títulos que Borges dio a sus conferencias, con las que deslumbró a la audiencia estadounidense recitando en perfecto inglés poemas enteros y páginas completas de obras inmortales, como el Quijote. Borges se refiere a la obra cervantina como uno de los más famosos libros del mundo y lo analiza palabra a palabra. De «hidalgo» sostiene que en aquella época (finales de los años 60) el término poseía una peculiar dignidad por sí misma, pero cuando Cervantes escribió la palabra «hidalgo» significaba «un señor del campo». En lo que respecta al nombre «Quijote», era tenido más bien como una palabra ridícula, como los de muchos de los personajes de Dickens (Pickwick, Twist, Quilp...) Y esgrime que «de la Mancha» —noble en castellano, dixit el maestro— Cervantes lo escribió pretendiendo que sonara como «don Quijote de Kansas City».

El peor de los pecados

"He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer.
No he sido feliz...
Mis padres me engendraron para el juego arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz.
Cumplida no fue su voluntad.
Mi mente se aplicó a las simétricas porfías del arte, que entreteje naderías".

Jorge Luis Borges

El retorno de la épica

Borges se levanta y pide disculpas a cualquier ciudadano de la Mancha que estuviera escuchándole. Todas esas palabras, añadió Borges, han cambiado y han sido ennoblecidas.

Antes, ahora y siempre, La Mancha forma parte de las palabras imperecederas de la Literatura. Sobre las metáforas opinaba que estimulan la imaginación, pero añadía que podría sernos concedida la invención de metáforas que no pertenecen a modelos aceptados.

Según Borges, el hombre empezó a inventar tramas a fines del siglo XVIII o principios del XIX. Tal vez la empresa partió de Hawthorne y Edgar Allan Poe, aunque siempre hay (y ha habido) precursores.

Como señaló Rubén Darío, nadie es el Adán literario. Sin embrago, fue Poe quien legó que un relato debe ser escrito atendiendo al último verso. Ello degeneró en el relato con truco y en los siglos XIX y XX la gente ha inventado toda clase de tramas, que son más ingeniosas que las tramas de la épica. Pero Borges nota en ellas algo artificioso. O mejor, algo trivial. Y pone dos ejemplos: «Jekyll y Hyde» y la película «Psicosis». Puede que la trama de la segunda sea más ingeniosa, pero intuye que hay más detrás de la trama de Stevenson. Y hay algo que siempre perdurará, sostiene Borges. Él no cree que los hombres se cansen nunca de oír y contar historias. Junto al placer de oír historias está el placer adicional de la dignidad del verso. La épica volverá a nosotros (y no se equivocaba).

Fuente: diario ABC, Madrid
Antonio Astorga

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