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No se tienen muchos pormenores de la primera visita de Beethoven
a Viena, pero se sabe que Wolfgang Amadeus Mozart lo recibió y se dignó escucharle tocar
el piano.
Mozart tenía entonces 31 años (murió a los 35, en 1791) y era
el ídolo de Europa.
Beethoven tenía 17 años y no obstante su juventud y las
emociones del momento, improvisó al piano con mucha inspiración. Mozart, sin embargo,
sospechaba que aquel alemancillo provinciano tocaba una lección aprendida de memoria.
Beethoven advirtió la desconfianza de Mozart y solicitó una
segunda audición rogando que fuese el gran maestro quien le señalara el tema que debía
desarrollar.
Así fue. Beethoven improvisó con destreza magistral una serie
de variaciones sobre el tema y Mozart, sinceramente admirado, dijo a los presentes:
"Este jovencito hará que el mundo hable de él".
Mozart lo aceptó como alumno. Pero Beethoven declaró más tarde
que nunca tocó el maestro en su presencia.
A diferencia de Beethoven, Mozart viajaba mucho. Varias veces
estuvo en París, en Roma, en Praga y -gracias a su carácter cordial- en todas partes se
encontraba como en su casa.
Cuando conoció a Beethoven en Viena, estaba escribiendo el Don
Giovanni. Beethoven sólo tenía 17 años, pero tocó sin miedo ante el famoso compositor
aclamado en todas las cortes de Europa.
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