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Narradora y ensayista francesa, proviene de una
familia burguesa, aunque rompe pronto con la fe religiosa y las prácticas sociales de su
medio.
Estudia filosofía en la Sorbona, donde conoce a
Jean-Paul Sartre.
Se dedica a la enseñanza en Marsella, Rouen y
París. Su amistad y vida en común con Sartre influye en su obra, adscripta a la
corriente surrealista francesa.
Se destaca como novelista con "La
invitada" (1943), "La sangre de los demás" (1944), "Todos los hombres
son mortales" (1946), "Las bellas imágenes" (1966) y "La mujer
rota" (1967).
La novela "Los mandarines" (1954), Premio
Goncourt, recrea el fracaso que representó para los intelectuales de la posguerra el no
poder o no saber asumir responsabilidades efectivas ante el desmoronamiento espiritual y
social de sus contemporáneos.
En el ensayo "El segundo sexo" (1949)
analiza el papel social de la mujer a través de los tiempos y desarrolla la tesis de que,
al ser la mujer considerada sólo en relación con el hombre, ocupa una posición
secundaria e inferior en el aspecto sexual, social e intelectual.
A este trabajo hay que añadir "Pyrrhus y
Cineas" (1944), "Para una moral de la ambigüedad" (1947) y "El
existencialismo y la sabiduría de las naciones" (1952).
Con "Memorias de una joven de buena
familia" (1958) inicia un ciclo autobiográfico que complementan "La fuerza de
la edad" (1960), "La fuerza de las cosas" (1963), "Una muerte tan
dulce" (1964) y "La ceremonia del adiós" (1981), escrita después de la
muerte de Sartre y en la que narra sus relaciones con él.
Escribe la pieza teatral "Les bouches
inutiles" (1945). Es considerada una de las intelectuales femeninas más
representantes del siglo XX y desempeña un importante papel en la difusión del
pensamiento contemporáneo a través de la revista "Les Temps Moderns",
publicación que funda y anima con su compañero Jean-Paul Sartre.
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