| La fiesta de la Inmaculada Concepción
Se celebra el 8 de diciembre y en la víspera, en
muchos lugares del mundo, se hacen festejos especiales en los que se venera a la Virgen.
Es el momento cuando se inicia la Navidad. En esa noche, conocida en Colombia como la
"noche de las velitas", todo se ilumina con luces, velas, fuegos artificiales y
farolitos con los que se conmemora el instante en que el ángel apareció frente a la
Virgen para pedirle su consentimiento para la concepción.
Pero las luces de esta fiesta no sólo son para los vivos: en
muchos poblados el recorrido para ver las luces se inicia en el cementerio, donde las
llamas representan las plegarias por las almas de quienes han muerto. En otros lugares se
realizan procesiones con la imagen de la Virgen.
El origen de esta fiesta se remonta al siglo XIX, cuando el Papa
Pío IX declaró el dogma de la Inmaculada Concepción y los creyentes de todos los
países encendieron antorchas y velas en honor a la virginidad de María. Esto sucedió
porque catorce siglos atrás, Nestorio, patriarca de Constantinopla, despertó dudas, pues
no le parecía posible que María hubiese concebido un hijo sin haber tenido relaciones
con un hombre. Estos cuestionamientos fueron motivos de discusión durante siglos.
Entonces, para reafirmar sus dogmas de fe, la Iglesia Católica, en cabeza de Pío IX,
instituyó la celebración.
El
árbol de Navidad
Como símbolo
cristiano, el árbol se remonta a una leyenda medieval según la cual Adán, antes de
morir, envió a su hijo Set a la puerta del paraíso para pedir aceite del árbol de la
vida, pero él sólo obtuvo una rama seca y la promesa de que ésta traería la curación
a la especie humana. Cuando Set volvió, su padre ya había muerto, así que sembró sobre
su tumba la rama seca, que creció para convertirse en un gigantesco árbol con el cual se
haría luego la cruz de Jesucristo.
La costumbre de adornar los árboles se remonta al siglo VIII,
cuando Bonifacio fue enviado a Germania para convertir a los paganos. El monje vio que
ellos invocaban a sus dioses bajo los árboles y allí les dejaban presentes. En una noche
de Navidad, los germanos se disponían a sacrificar a un niño debajo de un árbol.
Bonifacio se llenó de ira y cortó el tronco, pero éste retoñó inmediatamente. El
monje explicó el prodigio como símbolo de la nueva vida que había traído Jesús al
mundo; no era necesario, pues, derramar más sangre. De este modo salvó al niño y obtuvo
una conversión masiva.
Desde ese momento, los abetos comenzaron a ser adornados; los
regalos que se ofrendan en sus ramas son símbolos de los dones que trajo el Niño Dios.
El árbol de Navidad llegó a América con los soldados germanos
que vivieron a apoyar al ejército británico durante la guerra de Independencia. Aunque
la victoria fue para los hombres de George Washington, la tradición del árbol germano
persistió en Estados unidos y desde allí se extendió al resto del continente.
El pesebre
Esta hermosísima
costumbre tuvo su origen en una gruta de Greccio, pequeño poblado italiano, en el siglo
XII, cuando San Francisco de Asís reunió a los campesinos para representar en vivo, y a
la luz de las antorchas, el nacimiento en Belén.
El santo soñaba con una Navidad masiva, llena de festejos, en la
que nadie se escapara de celebrar el nacimiento del Salvador. Por eso suplicó al
emperador que dictase una ley para que en la Nochebuena "todos cuantos pudieran
arrojasen por los caminos trigo y otros granos" a fin de que también las aves se
regocijaran ese día, y recorrió las aldeas del país predicando su júbilo y llamando a
todas las criaturas a alabar a Cristo.
El pesebre tiene ocho figuras principales: el Niño, la Virgen,
San José, el asno, el buey y los tres reyes magos, aunque actualmente también incluye
figuras como pastorcitos y ovejas. Todas tienen un significado particular. Por ejemplo, el
asno representa la humildad con que llegó Jesús al mundo, y los reyes magos el
reconocimiento de todos los pueblos a la soberanía del Señor.
A la escena del nacimiento se le conoce con los nombres de
"Belén", que en hebreo significa "casa de pan", y
"pesebre", del latín 'praesepem', que significa "cajón para la comida de
los animales". Los niños y niñas acostumbran poner en él la carta para el Niño
Dios, un mensaje en el que le manifiestan todo su amor y gratitud, le prometen portarse
bien y le piden los regalos que desean.
Los villancicos
Los villancicos
son cantos populares, generalmente de origen campesino, con los que el pueblo se hizo
partícipe de las solemnes celebraciones eclesiásticas realizadas en torno al nacimiento
del Hijo de Dios. Muchos de ellos tuvieron su origen en Europa y llegaron a América,
donde fueron acompañados por flautas indígenas (chirimías), tambores y maracas.
Canciones de cuna, historias de pastores, alabanzas
al Niño recién nacido, forman hoy parte de las tradiciones navideñas que, en cualquier
parte del mundo y en cualquier idioma, sirven para celebrar y adorar al personaje más
importante de la historia de la humanidad.
Los
aguinaldos
Esta hermosa
costumbre consiste en apostar -durante los días previos a la Navidad- regalos que el
perdedor del juego brinda al ganador. Data de la Edad Media, cuando, en las fiestas
carnavalescas, los hombres se vestían de mujeres y las mujeres de hombres, para pedirlos.
La costumbre se extendió a los nobles, quienes obsequiaban caballos finos o dinero a sus
familiares y amigos.
En el siglo XV, los conquistadores, enriquecidos por el oro
americano, donaban como aguinaldo a las iglesias bellos altares dorados. La costumbre se
popularizó y se convirtió, a partir de la Colonia, en una tradición navideña.
Los regalos se apuestan en inocentes juegos. Algunos de los más
comunes son:
Pajita en boca: los jugadores deben tener una
pajita en la boca, pues en cualquier momento se les puede pedir que la enseñen. Si no la
tienen, pierden.
Hablar y no contestar: se trata de no contestar
a la pregunta que el otro jugador hará en el momento más inesperado.
Tres pies: los jugadores deben siempre pararse
con los pies juntos para evitar que su contrincante ponga un pie en medio de los suyos.
Beso robado: consiste en dar un beso en la
mejilla del oponente sin que este tenga la oportunidad de evitarlo.
El sí y el no: cada jugador debe escoger una
respuesta, sí o no, y mantenerla cualquiera que sea la pregunta. Pierde quien olvida su
respuesta y da la contraria.
Dar y no recibir: se trata de no recibir nada
del contrincante y, a la vez, buscar la oportunidad para entregarle algo.
Las
posadas
Estas celebraciones, que nacieron en América,
recuerdan el rechazo de que fueron víctimas José y María al llegar a Belén. Comenzaron
en México, a finales del virreinato, y desde allí se extendieron a toda América latina,
quizás porque en las culturas indígenas siempre hay un largo recorrido antes de llegar
al lugar prometido por los dioses.
Así es que las posadas representan vivamente la escena del
recorrido de los padres del Niño Dios. Actualmente se escenifican con un diálogo de dos
coros: una corte de pastores suplica por hospedaje para los peregrinos y otra lo niega;
pero, a diferencia de Belén, en América al fin una puerta se abre y entonces se inicia
la fiesta.
La reunión comienza en un lugar acordado fuera de la casa, donde
un ángel abre el cortejo. María y José representan su papel de peregrinos cansados,
deteniéndose a orar y reanudando con fuerza el camino. Detrás van los pastores y los
músicos entonando villancicos.
Cada casa participante es decorada con un farol, flores y otros
adornos navideños. Cuando el cortejo se va acercando, las luces se apagan y sólo quedan
encendidos el farol o la vela de la puerta. El recorrido transcurre por varias casas donde
niegan el hospedaje a los peregrinos y termina en el hogar que abre sus puertas a todos y
donde se celebra una fiesta.
La
Epifanía
En muchos lugares del mundo, pero especialmente en
España, se acostumbra que el 6 de enero, día en que se celebra la llegada de los reyes,
los niños reciban regalos. Esto se explica por la leyenda según la cual los reyes,
después de visitar al Niño Dios, partieron por los caminos a repartir el resto de sus
tesoros.
Este día se celebra la fiesta de la Epifanía, que significa
"revelación de Cristo a los reyes", quienes le trajeron incienso, mirra y oro,
presentes que simbolizan sabiduría, oración y sacrificio. La adoración de los reyes
magos a Jesús, junto con la que le hicieron los pastores de Belén, demuestra el respeto
de la humanidad hacia el Hijo de Dios, sin distingo de razas ni clases sociales.
La celebración católica incluye la bendición del oro, el
incienso, la mirra y la sal. Los hogares también son bendecidos e inciensados.
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