Unos opinarán que es un pasatiempo; otros, que es insignificante, o nada
más que un juego. Y tal vez sólo por eso, por ser un juego, tenga mucho valor.
Podría decirse que es una oportunidad, un desafío, un regalo que la
tecnología pone en nuestras manos; y sólo de nosotros depende el resultado.
¿Qué es un "chat", al fin de cuentas? Casi un milagro.
Yo caminé miles de veces por la ciudad, me detuve a esperar un taxi, me
senté en las plazas hasta que fuera la hora de algo, y jamás se me acercó alguien y me
preguntó:
-¿Querés hablar un rato conmigo?
Sería mucho pedir, ¿no?, aunque en otras ciudades del mundo resulta de
lo más natural que dos personas, sentadas una junto a la otra durante diez o veinte
minutos para recorrer un trayecto en colectivo, entablen una conversación que puede ser
aburrida, penosa, o decididamente estimulante y llena de riqueza. Y en este último caso
no será mérito del colectivo, claro.
La informática, como buena herramienta, será lo que nosotros podamos
hacer que sea, pero no tendrá la culpa si un encuentro "on line" es un fracaso.
Por todo eso pienso que es casi un milagro conectarme en una línea telefónica y
encontrarme con que alguien me dice:
-¿Querés hablar un rato conmigo?
Allí los chips se quedan en silencio; enmudecen las plaquetas de redes y
sólo queda en juego la humanidad que hay de cada lado de la línea: dos seres que jamás
se han visto intercambian pensamientos, ideas, sensaciones y estados de ánimo.
Es como un guiño de faros de dos autos que se cruzan en la ruta, en medio
de la noche.
Un "chat" es un "hola, amigo", y eso me hace sentir
mejor. Y sigo mi camino.
De un "chat" siempre puede nacer una idea nueva, y siempre
quedará un recuerdo.
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