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Un guerrero es peregrino de
cielos y de infiernos; sabe que debe llevar consigo únicamente lo mínimo.
Porque siempre está de paso, no
carga sobre sus espaldas cosas fútiles.
Mira tu cotidianeidad, tu casa.
¿Cuántas cosas acaparas "por si algún día te sirven"?; ¿qué cosas serían
de utilidad para aquellos que nada tienen?; ¿posees cosas que han estado arrumbadas por
años?
Un guerrero prescinde de lo que
sea necesario. Tanto de lo externo como de lo interno. Por lo tanto, tampoco caben dentro
de él sentimientos inútiles y nocivos.
Las vanidades, miedos, envidias
y apegos pesan más de lo que uno imagina. Retrasan el paso; y un guerrero sabe que no hay
tiempo que perder.
Debe llegar antes del atardecer.
Por ello, cultiva aquellos estados mentales que le ayudan a transitar la senda de la luz:
compasión, arrojo, lucidez.
Ésos son los pilares de la
senda del guerrrero. Ésas son sus principales armas.
E. Schultz
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