S.O.S. Escuela

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La prioridad seguirá siendo
siempre la prevención

© Lorenzo F. Fabris

Durante el transcurso del año escolar se hace notoria la explosión de controles referidos al cumplimiento de las normas de seguridad en los edificios escolares de todo el país. Podemos decir que es comprensible, pero para que estos controles sean realmente eficaces, deberían ser regulares y no excepcionales.

Como siempre, nuestros controles se hacen luego de alguna catástrofe, a la que los medios le dan cobertura general, (AMIA, inundaciones en Santa Fe, caso Cromañón, accidentes en las rutas con ómnibus de larga distancia, etc.

Todas estas trágicas circunstancias especiales, hacen que se generalicen campañas por parte de la población, pidiendo a las autoridades mayores y mejores controles para que se cumplan las normas vigentes.

Pero esta onda expansiva, sólo pone en evidencia la ineptitud de los mismos, que sólo atinan a dar directivas sin sentido y revelando las dificultades para compatibilizar las normas y leyes vigentes, en muchos casos ya anacrónicas con los lineamientos actuales en seguridad edilicia.

Esta "onda" llegó también al ámbito escolar pero, por desgracia, no todos los directivos y docentes están bien informados sobre el tema de prevención de accidentes y menos en actuación en casos de emergencias.

Todo esto, mirado en forma básica, nos obliga a pensar que se debe orientar en forma prioritaria, y en el menor tiempo posible, promover la capacitación de los docentes para afrontar situaciones de riesgo dentro del ámbito de la escuela.

En los últimos años, la seguridad es uno de los más fuertes reclamos de la población, ya sea a la prevención de diversos delitos, o a las emergencias relacionadas con inundaciones, fuego o a las provocadas por actos terroristas u otras formas de accidentes que incapacitan vidas Humanas.

En las emergencias o accidentes, se incrementan los riesgos por la conducta de la gente que, actuando en grupos o multitudes, lo hacen irracionalmente, ya que actuando en masa son fácilmente dominados por el pánico debido a que en su mayoría carecen de la preparación necesaria para enfrentarlos.

Las informaciones acerca de las inspecciones que se efectúan en los establecimientos escolares señalan que en muchos de ellos no cumplen con las normas vigentes de seguridad.

Para evaluar la magnitud de la tarea, basta pensar que en el país funcionan 44.000 escuelas, construidas en distintas épocas.

Si se aplicaran estrictamente las normas actuales, habría que suspender la actividad escolar en un número elevado de establecimientos, lo que por cierto sería más que imposible, un gran desastre para la población escolar.

Desde luego, es indispensable reducir los riesgos de cualquier modo y, por supuesto, lo primero es lo referente al comportamiento humano.

Autoridades, docentes y alumnos deben saber qué hacer en el caso de que se produzca una emergencia.

Saber cómo obrar evita las conductas a ciegas y para ello rigen ciertas medidas ineludibles, como las que apuntan a garantizar el emplazamiento de salidas de emergencia, la señalización correcta de las vías de evacuación o el buen funcionamiento de los extintores de fuego.

Debe existir en cada establecimiento un plan de acción ante una emergencia, plan de evacuación, realizar simulacros, etc.

Poseer información de antemano sobre los pasos que se deben dar tranquiliza y permite ayudar a los más conmovidos y evita el pánico.

Es evidente que una población carente de hábitos de prevención está indefensa ante los peligros.

Ya sea en el ámbito de las escuelas, como en otras áreas de la vida pública donde se instalan o circulan grupos humanos numerosos, la tarea más urgente es informar, orientar a grandes y chicos mediante la capacitación y la acción, a fin de que nadie caiga en las trampas de la desesperación, el miedo o, lo que es peor, EL PÁNICO.


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Editada en Buenos Aires - Argentina